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Mi primer Camino de Santiago fue el Camino del Norte, uno de los más bonitos por discurrir por la costa del Cantábrico, entre el azul del mar y el verde de la montaña. ¿Y qué puedo decir? Que además de ser especial por ser el primero, ¡me encantó! Los paisajes son alucinantes, se visitan muchas ciudades y pueblos preciosos y es perfecto para sumergirte en tus reflexiones.

En este post te cuento lo que necesitas saber del Camino del Norte, así como las etapas que yo realicé, e iré ampliando la información en nuevos posts dedicados a los lugares visitados. ¡No te lo pierdas!

Camino del Norte
Te cuento mi Camino del Norte desde San Sebastián hasta Santiago de Compostela. ¡Etapa a etapa!

Dónde empieza el Camino del Norte

En territorio español, el Camino del Norte comienza en Irún, en la frontera con Francia, y es ésta la localidad elegida por muchos peregrinos para comenzar la ruta. Ahora bien, también hay quien defiende por razones históricas que el Camino del Norte empieza en Bayona, en territorio francés.

¿Hay que comenzar obligatoriamente el Camino en alguno de estos lugares? ¡No! El punto de partida puede ser Bayona, Irún o cualquier otro lugar que tú desees. Hay quien no tiene tiempo de hacerlo del tirón y lo va haciendo por tramos en diferentes años, y hay quien prefiere dedicar los días que tiene a llegar a Santiago, comenzando en puntos más cercanos, como Gijón o Ribadeo.

El Camino del Norte no termina en Santiago, sino en Arzúa, donde se junta con el Camino Francés. En las últimas etapas, por tanto, se recorre un tramo del Francés. Si quieres obtener la Compostela una vez llegues a Santiago, entonces debes realizar al menos los últimos 100 kilómetros del Camino a pie, que sería desde Baamonde haciendo un tramo del Camino del Norte (Baamonde-Arzúa) y otro del Camino Francés (Arzúa-Santiago). Eso sí, si optas por esta opción, asegúrate de conseguir tu Credencial antes de comenzar el Camino, pues no se venden credenciales en los últimos 100 kilómetros.

Cómo es el Camino del Norte

Mucha gente afirma que el Camino del Norte es uno de los más bonitos y no se equivocan. Los paisajes son preciosos, pues se atraviesan kilométricas playas de arena fina, se suben muchos montes, a cada cual más verde, y se visitan tanto grandes ciudades como pequeñas aldeas y algunos de los pueblos más bonitos de España.

Ahora bien, para disfrutar de todo lo bueno que ofrece el Camino del Norte hay que sufrir, y es que también es uno de los más duros. Desde un inicio hay muchas cuestas, muchas muy pronunciadas, tanto de subida como de bajada. No hay grandes desniveles (el punto más alto del Camino son 710 metros sobre el nivel del mar), pero sí es un terreno rompepiernas.

Además, hay mucho asfalto, lo que hace polvo los pies, sobre todo en los días calurosos cuando se convierte en la superficie perfecta para que salgan las temidas ampollas. También negativo es que hay muchos tramos de carretera y hay que tener mucho cuidado pues o el arcén es inexistente o los coches van demasiado deprisa.

Por último, decir que en general el Camino del Norte está bien señalizado, aunque hay zonas en las que debería mejorar. Al entrar tanto en Cantabria como en Asturias noté que faltaba señalización en algunos cruces. Además, cada comunidad tiene mojones diferentes y los de Asturias pueden resultar muy confusos, pues no llevan la flecha amarilla, sino que es solo la concha que cambia de posición según la dirección del Camino.

¿Qué ha cambiado en el Camino del Norte con la pandemia? No te pierdas el vídeo con las preguntas frecuentes sobre el Camino de Santiago y el post acerca de cómo es hacer el Camino de Santiago en tiempos de coronavirus

Camino de Santiago sola, mojón
Aunque los mojones son diferentes en cada comunidad autónoma, el Camino siempre están indicado con uno de ellos y con flechas amarillas

Etapas del Camino del Norte

Dependiendo de la guía que sigas verás que el Camino del Norte tiene más o menos etapas. Hay quien las sigue a rajatabla, pero la realidad es que puedes amoldar los tramos según te venga mejor. Por ejemplo, si en las guías hay una etapa muy larga y no te sientes con ganas de caminar tanto, puedes hacerla en dos días, o si en el final de etapa no hay albergue porque está cerrado por coronavirus, entonces puedes finalizar en el pueblo anterior o siguiente.

Mi idea inicial era comenzar el Camino en Irún, pero con el COVID-19 el albergue allí estaba cerrado y por motivos logísticos finalmente decidí empezar en San Sebastián. Desde allí hasta Santiago recorrí 798 kilómetros en 32 días en los que no seguí al pie de la letra las etapas de las guías, sino que fui haciendo más bien lo que me pedía el cuerpo o lo que me dejaba la logística (en 2020 hay muchos albergues cerrados).

¿Qué llevar para hacer el Camino del Norte? Te cuento qué llevé en la mochila para el Camino de Santiago.

Etapa 0: San Sebastián

Llegué a San Sebastián el 6 de agosto por la tarde. Estuve recorriendo la ciudad, subí al monte Urgull, paseé por sus calles y me fui de pintxos. Si también planeas llegar a San Sebastián, quizá te interese hacer un free tour para conocer en poco tiempo la ciudad. Aproveché también para acercarme hasta la Catedral a conseguir mi Credencial. Cuesta 2 euros y es el “pasaporte” que te acredita como peregrina y que te permite dormir en los albergues. Al día siguiente, al amanecer, comencé el Camino.

Esa noche no dormí en albergue (creo que estaba cerrado), sino en el hostel A room in the city (25 euros). Es un hostel moderno, con comodidades como tener cortina en la cama para mayor privacidad y cajón para guardar tus cosas, aunque no ofrece desayuno en el precio.

Para más información, no te pierdas el post sobre viajar sola a San Sebastián.

Camino de Santiago sola - San Sebastián
Elegí hacer el Camino del Norte desde San Sebastián

Etapa 1: San Sebastián – Zarautz

La primera etapa se me hizo muy amena, primero recorriendo la playa de la Concha en su totalidad al amanecer. Allí hice un pequeño desvío para ver El Peine del Viento, las famosas esculturas de Eduardo Chillida, y volví al Camino subiendo la primera de las muchas cuestas que habría de subir después, ascendiendo por el monte Igueldo.

Una vez se deja San Sebastián atrás, el Camino discurre por monte hasta llegar a Orio, la única población que se pasa en la etapa. Allí hice una parada para tomar un pintxo y completar después los 6 kilómetros que restaban hasta Zarautz.

Como el albergue de Zarautz estaba cerrado, dormí en el hostel Blai Blai (32 euros solo alojamiento). El hostel está bien, pues es nuevo y tiene muchas comodidades, como cortina y luz en cada cama, pero no hay servicio de lavandería, hay mucha humedad y es muy caro, por mucho que Zarautz en agosto sea un lugar muy turístico. Después me enteré de que en Getaria hay un albergue abierto, así que puede ser una opción alargar la etapa si quieres gastar un poco menos.

Etapa 2: Zarautz – Ibiri Auzoa

Una de las etapas más bonitas del Camino del Norte es ésta, en la que se pasa por pueblos y playas muy bonitos. Dejé atrás Zarautz al amanecer, siguiendo la ruta por el paseo marítimo hasta Getaria, pueblo natal de Elcano, primer navegante en completar la vuelta al mundo.

Unos kilómetros más adelante llegué hasta Zumaia, donde se encuentra la playa de Itzurun y su famoso flysch, una curiosa formación rocosa de esta zona de la costa. Allí hice una larga parada para disfrutar de la playa y tomar algo, aunque no reparé hasta días después en que este lugar fue una de las localizaciones elegidas por Juego de Tronos para rodar algunas escenas de la temporada 7, convirtiéndose, junto con San Juan de Gaztelugatxe, en Rocadragón.

Desde Zumaia el recorrido abandona la costa y comienza una dura subida hasta Itziar. Desde lo alto del pueblo se tienen unas vistas impresionantes de la costa, pero a mi fue una de las subidas que más me costó de todo el Camino. Después llega la bajada hasta Deba, que también es muy dura por ser muy pronunciada y con un último tramo que te destroza los pies.

Las siguientes etapas se conocen por ser las más solitarias del Camino del Norte, así que aproveché a hacer algo de compra en Deba para tener comida los siguientes días y, en lugar de quedarme a dormir en Deba (final de etapa oficial) donde el albergue estaba cerrado, opté por seguir hasta el albergue Izarbide, unos 5 kilómetros más allá (y después de otra buena subida).

El albergue tiene dos partes, una antigua vaquería y la casa principal, y en estos tiempos de coronavirus tienen abierta solamente la casa principal. Allí hay dos habitaciones grandes con camas hechas (no literas). El precio son 15 euros y no ofrece desayuno ni cena, aunque para no cargar con comida se puede pedir comida rápida a un restaurante cercano y te lo llevan.

Si quieres saber más sobre estos pueblos, no te pierdas todo lo que hacer en Getaria y los lugares que ver en Zumaia.

Camino del Norte, Zumaia
Visitar la playa de Itzurun en Zumaia es imprescindible si eres fan de Juego de Tronos

Etapa 3: Ibiri Auzoa – Monasterio de Zenarruza

Esta etapa discurre completamente por montaña, por lo que es una de las más exigentes de todo el Camino del Norte. Hay una subida muy fuerte hasta los casi 500 metros sobre el nivel del mar que hay que tomarse con calma. Una vez arriba, el terreno es algo rompepiernas, con suaves subidas y bajadas hasta los últimos kilómetros antes de llegar a Markina.

La bajada a Markina es muy pronunciada y por asfalto, por lo que los pies y las rodillas sufren mucho. Este pueblo es final de etapa, aunque como también el albergue estaba cerrado decidí continuar 7 kilómetros más, hasta el Monasterio de Zenarruza.

El Monasterio tiene una pequeña comunidad de monjes y allí tienen un albergue para peregrinos de donativo. Es muy básico, pero ofrecen cena comunal por lo que es perfecto para conocer mejor a otros peregrinos. Se puede asistir al rezo de las 19:30 y venden una cerveza artesanal muy rica llamada Ziortza.

Camino del Norte, Monasterio de Zenarruza
Quedarse en el Monasterio de Zenarruza es toda una experiencia

Etapa 4: Monasterio de Zenarruza – Pozueta

La primera parte de esta etapa es muy bonita. Se va por bosque hasta Munitibar, el primer pueblo de la ruta, habiendo una zona que se hace por unas pasarelas de madera que hacen más fácil la ruta. Después hay una subida pronunciada, pero más tarde la ruta comienza a descender, habiendo algún que otro tramo de subida, hasta prácticamente Gernika.

Pueblo histórico, merece la pena dedicar un rato a conocerlo mejor y pasear por sus calles. El centro es muy bonito y está muy animado, con muchas terrazas y bares donde ir de pintxos. Como tampoco estaba abierto el albergue, continué un poco más hasta el Caserío Pozueta.

Es un albergue en mitad de la montaña, por lo que además del alojamiento (14 euros) ofrecen también cena (10 euros) y desayuno (4 euros). Está bastante bien y hay servicio de lavadora y secadora de pago.

Camino del Norte, Gernika
Merece la pena darse una vuelta por Gernika

Etapa 5: Pozueta – Bilbao

La primera parte de esta etapa fue muy bonita, discurriendo por monte, con subidas y bajadas, entre bonitos caseríos. Una vez en Larrabetzu el camino se torna más urbano y desde allí hasta Lezama sigue la carretera. Lezama es el fin de etapa oficial, pero como desde allí solo hay unos pocos kilómetros más hasta Bilbao, casi todo el mundo opta por llegar a la capital vizcaína en el mismo día.

Desde Lezama el Camino sigue por la carretera hasta Zamudio, pasando un polígono industrial, y desde allí vuelve de nuevo al monte para subir y bajar una última montaña antes de entrar a Bilbao. Yo ya venía con los pies muy mal de todos los días anteriores, con dolor y muchas ampollas, así que cuando llegué a Zamudio estaba tan mal que, en lugar de hacer el último tramo, decidí tomar el tren hasta Bilbao.

Nada más llegar a Bilbao fui a urgencias para que hicieran algo con mis ampollas, aunque fue en vano. Me instaron a que dejase el Camino, pues me iban a seguir saliendo ampollas, y estuve pensando si abandonar o no. Al final decidí seguir, pero primero me quedé unos días en Bilbao para descansar y que mis ampollas tuviesen un respiro. Además, me compré un segundo par de zapatillas, de running, más aptas para el asfalto y más cómodas y flexibles.

Al quedarme varios días en Bilbao dije adiós a quienes habían sido mis compañeros de ruta en aquellos días, pero aproveché para dar una vuelta por la ciudad, disfrutar de los pintxos e ir a visitar San Juan de Gaztelugatxe. Si también te vas a quedar algún día extra en Bilbao, también puedes hacer un free tour con el que conocer lo más imprescindible de la ciudad. 3 días después de llegar, retomé el Camino y puse rumbo hacia Cantabria.

Esos días en Bilbao me hospedé en el hostel Bilbao Metropolitan, donde tienen habitaciones de diferentes tamaños entre 6 y 10 personas por 17 y 19 euros la noche. Es bastante nuevo y las habitaciones están bien, con taquilla, ropa de cama y ducha muy buena. Debido al COVID-19 en las habitaciones había la mitad de aforo y no ofrecían desayuno ni se podían utilizar zonas comunes como cocina, salón o lavandería.

Para profundizar en la información sobre la ciudad, no te pierdas los posts sobre viajar sola a Bilbao y cómo visitar San Juan de Gaztelugatxe desde Bilbao.

Camino del Norte, Bilbao
Bilbao es una ciudad perfecta para descansar unos días

Etapa 6: Bilbao – Ontón

El Camino del Norte tiene una etapa cortita entre Bilbao y Portugalete, pero como discurre por polígonos decidí saltarla e ir en tren directamente hasta Portugalete para comenzar allí. Después de ver el Puente Vizcaya puse rumbo hasta La Arena, la última playa del País Vasco en la ruta. Desde allí parte la vía verde junto a la costa que lleva hasta Ontón y en la que se da la bienvenida a Cantabria.

Esa noche me quedé en el albergue Tu Camino de Ontón. Es de donativo y ofrecen cena comunal y desayuno. No hay servicio de lavadora o secadora pero sí hay una pila donde lavar a mano y tendedero.

Etapa 7: Ontón – Oriñón

Desde Ontón hay una disyuntiva: ¿seguir por el Camino oficial o por la carretera? El Camino oficial es más largo y va por monte, mientras que el camino de la carretera es más corto para llegar a Castro Urdiales. Decidí tomar el de la carretera porque me esperaba una etapa larga.

Al llegar a Mioño me encontré con un señor que me indicó un atajo para evitar un tramo de carretera. Este atajo va por un antiguo túnel ferroviario reconvertido a pista deportiva para bicicletas y peatones, y se toma donde el bar Túnel (puedes buscarlo en Google Maps).

Aproveché la playa de Castro Urdiales para remojar los pies y después di una vuelta por el pueblo, visitando (por fuera, pues estaban cerrados) su iglesia y su castillo. Si llegas a tiempo, quizá te interese hacer una visita guiada por el pueblo. Un poco más adelante de Castro Urdiales el Camino recorre un tramo muy bonito, entre bosques y junto a la costa hasta llegar a Islares.

Mi idea era quedarme ahí, en el camping, pero hubo un brote de COVID-19 unos días antes, así que decidí seguir un poco más y hacer noche en Oriñón. Este pueblo está un pelín fuera del Camino, pero hay una playa muy bonita, por lo que merece la pena desviarse.

Allí se puede hacer noche en el camping o en el albergue Lia, por el que opté. Es un albergue sencillo que cuesta 12 euros y donde puedes pedir desayuno (2 euros) y cena (9 o 10 euros) de forma opcional.

Camino del Norte, playa de Oriñón
La increíble playa de Oriñón merece la pena el desvío del Camino

Etapa 8: Oriñón – Playa de Berria

Desde Oriñón volví al Camino, siguiendo la carretera nacional hasta Liendo. Por el camino, por cierto, hay un mirador muy bonito al valle de Liendo. Una vez en Liendo hay que decidir de nuevo: ¿por el interior o por la costa? Ambos senderos llevan a Laredo, pero como el día estaba muy bonito, decidí ir por la costa.

Primero llegué a las ruinas de la ermita de San Julián y, desde allí, el sendero discurre junto a acantilados con unas vistas impresionantes de la costa. Llegué a Laredo por su centro histórico y, aunque es final de etapa según las guías, decidí continuar unos kilómetros más.

Primero recorrí toda la playa de Laredo hasta El Puntal, donde tomé el barco que cruza la ría en 5 minutos hasta Santoña. Cuesta solo 2 euros y merece la pena para evitar unos cuantos kilómetros bordeando la ría. Pasé por el centro de Santoña, que está muy animado y que se puede visitar en tour si lo deseas, y un ratito después llegué a mi destino: la bonita playa de Berria.

Allí me alojé en el albergue turístico Playa de Berria, en el que estuve durmiendo sola en la habitación porque al no ser fin de etapa no hay muchos peregrinos que decidan quedarse allí. No es barato (18 euros solo alojamiento), pero no me importó pagarlo por el lugar y lo cómoda que estuve.

Camino del Norte, playa de Berria
La playa de Berria desde lo alto de la colina de El Brusco

Etapa 9: Playa de Berria – Güemes

Junto a la playa de Berria se sitúa la colina de El Brusco, una pequeña elevación junto a la costa a la que no es tarea fácil subir, pues el sendero es muy estrecho y la vegetación abundante. Aún así, merece la pena realizar esta ruta por las buenas vistas que hay desde arriba de la playa de Berria y la playa Trengandín.

Al bajar, pude caminar con los pies en el agua durante varios kilómetros hasta llegar a Noja, desde donde puse rumbo al interior hasta llegar a Güemes. Mi idea inicial era llegar hasta Santander, pero como ya estaba cansada decidí hacer noche en La Cabaña del Abuelo Peuto, el albergue más mítico del Camino del Norte.

Este albergue es de donativo y llegué a tiempo para la comida, además de poder disfrutar de cena y desayuno, la convivencia con otros peregrinos y las historias del padre Ernesto, que te cuenta con mucha pasión cómo surgió la idea de crear este lugar. Es un lugar enorme, que funciona con las aportaciones de los peregrinos y el trabajo de voluntarios. Hay servicio de lavadora y secadora, además de pila para lavar la ropa.

Etapa 10: Güemes – Santander

La etapa entre Güemes y Santander fue corta pero una de las más bonitas que recuerdo del Camino. Al llegar a Galizano tomé una vez más la senda costera en lugar de seguir el camino oficial y fue todo un acierto. Pude contemplar playas preciosas como la de Langre y disfrutar de vistas al mar durante todo el resto de la etapa.

En la parte final atravesé las playas de Loredo y Somo (con los pies a remojo otra vez) y, una vez en Somo, tomé el barco de Los Reginas hasta Santander. Este trayecto cuesta 2,95€ y dura unos 25 minutos en los que puedes disfrutar de las bonitas vistas de la bahía de Santander y la llegada a la ciudad. Además, este paso evita alargar el camino 2 días rodeando la bahía.

Ya en Santander pude dedicar toda la tarde a recorrer la ciudad. Visité primero la península de La Magdalena con su bonito palacio y las vistas al mar, para ir después recorriendo el paseo marítimo hasta el centro de la ciudad con sus vistas a la bahía. Si deseas maximizar tu visita, puedes hacer un free tour por los principales lugares.

Me quedé en el albergue de pereginos Santos Mártires. Lo bueno que tiene es la ubicación, pero es bastante básico y caro (15 euros) para lo que se ofrece en comparación con otros albergues, pues no incluye desayuno. Personalmente, creo que merece la pena pagar un poquito más e ir a un hostel u otro tipo de alojamiento con más comodidades y servicios. Aquí puedes ver tus opciones de alojamiento en Santander.

Camino del Norte, Santander
En Santander no hay que perderse el Palacio de la Magdalena

Etapa 11: Santander – Boo de Piélagos

Al día siguiente decidí hacer de nuevo una etapa corta por temas logísticos y llegué hasta Boo de Piélagos. La etapa en sí es fea pues buena parte del día transcurre por la salida de Santander. Eso sí, como acabé pronto, decidí aprovechar bien la tarde.

Me puse el bikini y me fui caminando hasta el Parque Natural de las dunas de Liencres. Aproximadamente tardé una hora en llegar (y otra en volver) y además de poder disfrutar del buen tiempo y la playa, pude disfrutar de la vista sobre la desembocadura del río Pas.

Esa noche dormí en el albergue Piedad, que está muy bien. Tienes la cama hecha con sábanas y te dan también toalla. El precio es de 14 euros con desayuno y puedes pedir también cena aparte (10 euros). La cocina para peregrinos estaba cerrada por la situación de este año. Tiene pila para lavar la ropa y servicio de lavadora (3 euros). Todo muy limpio.

Camino del Norte, Parque Natural de Liencres
Si hay un día soleado, hay que aprovechar playas como las de Liencres

Etapa 12: Boo de Piélagos – Cóbreces

La idea para este día era ir hasta Caborredondo, pero el albergue es pequeño y cuando quise llamar para reservar ya estaba completo. Así pues, la siguiente opción era Cóbreces, un cacho más allá. El problema de esto era que se me quedaba una etapa muy larga, así que opté por recortarla saltándome la parte más fea en tren: toda la zona industrial hasta Barreda.

En general fue una etapa que no me gustó demasiado, aunque sí que dediqué un tiempo a visitar brevemente Santillana del Mar. Pude pasear por sus bonitas calles y entrar a visitar la Colegiata con su claustro románico del siglo XII (3 euros). Si deseas dedicarle algo de tiempo o acabas aquí tu etapa, quizá te interese hacer un free tour por el pueblo.

Al final del día llegué a Cóbreces. Me sorprendió el colorido del pueblo, con la iglesia de San Pedro Advíncula en tono rojizo y la Abadía Cisterciense de Santa María de Viaceli en un azulado pastel, y es que el paisaje iba a comenzar a cambiar.

Allí me quedé en el albergue del Viejo Lucas (14 euros). Está muy bien, muy limpio y grande, con desayuno y lavandería (se puede lavar a mano o pedir que te pongan una lavadora).

Camino del Norte, Santillana del Mar
El pueblo de Santillana del Mar es uno de los más bonitos de todo el Camino del Norte

Etapa 13: Cóbreces – Comillas

Al día siguiente me decidí por hacer una etapa cortita para poder disfrutar de uno de los pueblos más bonitos de Cantabria: Comillas. Salí tarde y me encontré con otros peregrinos que ya conocía y que habían dormido en Caborredondo, así que caminamos todos juntos hasta Comillas, donde algunos de ellos terminarían su Camino.

En la ruta, la playa de Luaña y la calzada romana de La Iglesia, una auténtica joya inesperada. Ya en Comillas aproveché para visitar algunos de sus lugares emblemáticos, como El Capricho, obra de Antonio Gaudí, y admirar otros palacios y monumentos imprescindibles, como el Palacio de Sobrellano, casa del Marqués de Comillas, o la Fuente de los Tres Caños, del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner.

En Comillas me quedé en el albergue La Huella del Camino, que tiene más aire de hostel que de albergue. Las instalaciones son modernas, con camas hechas, cortina para mayor privacidad y cajón para guardar las pertenencias. Incluye desayuno en el precio (20 euros).

Camino del Norte, Comillas
El Capricho de Gaudí es la excusa perfecta para pasar un día en Comillas

Etapa 14: Comillas – La Franca

Mi intención para este día era caminar hasta Colombres, pero de nuevo me ocurrió que el albergue estaba completo, así que me tocó caminar un poquito más hasta La Franca. El día amaneció nublado y, aunque pude disfrutar de la vista de la bonita playa de Oyambre, antes de llegar a San Vicente de la Barquera comenzó a llover.

Hice una pausa antes de llegar al pueblo y dio la casualidad de que escampó, así que pude disfrutar de su casco histórico sin lluvia. El resto de la etapa discurrió por zonas algo más montañosas, con la lluvia amagando volver a aparecer de vez en cuando.

Ya hacia el final de la jornada llegué a Unquera, el último pueblo de Cantabria, donde se cruza el río Deva por el puente que lo comunica con Bustío, el primer pueblo de Asturias. Desde allí, un fuerte repecho hasta Colombres, un pueblo repleto de preciosas y coloridas casas de indianos que merece la pena visitar, y finalmente, La Franca.

Allí me quedé en el albergue Triskel, que cuesta 15 euros con desayuno. Tiene una pila fuera para lavar la ropa y tendedero, y además de albergue, cuenta con habitaciones privadas.

Camino del Norte, San Vicente de la Barquera
Antes de abandonar Cantabria, no dejes de visitar San Vicente de la Barquera

Etapa 15: La Franca – Llanes

Con mi llegada a Asturias volvió a salir el sol y pude disfrutar de una etapa muy bonita hasta Llanes. En Pendueles vuelve a haber un desdoblamiento del camino entre interior y costa, y volví a elegir la costa. En el recorrido pude ver los bufones de Buelna (aunque la marea estaba baja y no salpicaba, pero se oían), la curiosa playa del Cobijero o las preciosas playas de Buelna y Vidiago.

Más adelante, los Bufones de Arenillas, el río Purón y la preciosa playa de Ballota, desde la cual tomé el camino junto al campo de golf. Se me hizo eterno por las subidas y bajadas, pero hay que reconocer que las vistas son un privilegio, siempre con Llanes en el horizonte.

Finalmente llegué a Llanes con mucho dolor de pies por las etapas previas, así que decidí quedarme dos noches para poder descansar y reponer fuerzas. Así tuve tiempo también de disfrutar del bonito pueblo de Llanes con calma, incluyendo toda una mañana en la playa. Si quieres sacarle partido a tu visita a Llanes, también puedes realizar una visita guiada.

Esos dos días me quedé en el albergue La Estación. Las instalaciones son amplias y cuentan con cocina y zona común que se puede utilizar. Tienen lavadora y secadora de pago y también hay una lavandería con máquinas de monedas muy cerca. Cuesta 17 euros el alojamiento y 2,5 euros el desayuno, algo caro pero hay que tener en cuenta que Llanes es muy turístico. Hay más albergues, así que puedes echar un vistazo aquí a tus opciones.

Camino del Norte, Llanes
Llanes es muy turístico y con razón, pues es un pueblo muy bonito

Etapa 16: Llanes – Cuerres 

¡Ya estaba a mitad de camino a Santiago! Tocaba retomar la ruta y la etapa me llevó de nuevo por sitios muy bonitos, como la playa de Celorio, la ensenada de Niembru o la playa de San Antolín. Desde allí dejé momentáneamente el Camino del Norte para acercarme a ver una de las playas más famosas de la zona: Gulpiyuri, una curiosa playa donde el agua entra bajo las rocas.

Más tarde seguí hasta la playa de La Huelga y decidí volver al Camino en el pueblo de Nueva, conocido por sus casas de indianos. Los paisajes del día fueron muy bonitos y con suaves subidas y bajadas, con los Picos de Europa de fondo. 

Esa noche me quedé en Cuerres, donde me alojé en el Reposo del Andayón, un precioso alojamiento de madera con zona de albergue con cena comunal y desayuno a donativo. El lugar es espectacular, muy limpio y acogedor, y puedes darte una ducha al aire libre con vistas a la montaña. 

Camino del Norte, playa de Gulpiyuri
La playa de Gulpiyuri es una de las más curiosas de Asturias

Etapa 17: Cuerres – La Isla 

¡Y otra preciosa etapa por delante! La primera parada del día fue en Ribadesella, uno de los pueblos más turísticos del Camino del Norte, que estaba muy animado con su mercadillo. Después la ruta discurre hacia el interior por paisajes muy bonitos y algún que otro mural en los lugares más variopintos hasta llegar a la playa de Vega.

Desde allí es un no parar de playas: Arenal de Morís, La Beciella, Moracey, La Espasa, El Barrigón y, finalmente, La Isla. Me alojé allí, en el albergue municipal, que es de los pocos albergues públicos abiertos en el Camino del Norte en 2020. Cuesta 8,40 euros incluyendo el desayuno.

Camino del Norte, La Isla
Las últimas playas antes de llegar a La Isla

Etapa 18: La Isla – Villaviciosa

Salí de La Isla al amanecer, siguiendo la senda costera hasta Huerres, donde dije adiós a la costa por un par de días. Desde Colunga el día transcurrió entre verdes montes y pequeños pueblos hasta Villaviciosa, capital de la sidra asturiana, así que además de dar una vuelta por el pueblo, no pudo faltar probar la especialidad regional.

En lugar de alojarme en el pueblo, me alojé en La Payariega, en las afueras, un albergue de donativo y que también ofrece cena comunal y desayuno. Tiene un pequeño “spa para pies”: una fuente con agua helada que va genial para descansar los pies tras la etapa.

Camino del Norte, Villaviciosa
Además de tomar sidra, hay que visitar el centro de Villaviciosa

Etapa 19: Villaviciosa – Gijón 

Después de varios días en los que el terreno había sido más o menos fácil, la etapa para llegar a Gijón se presentaba como una de las más duras de todo el Camino del Norte. Por delante, unos 30 kilómetros y dos fuertes subidas muy temidas que finalmente no me parecieron para tanto por habérmelo tomado con calma y haberme mentalizado.

La primera parte de la etapa fue suave, pasando por Casquita, donde hay una pequeña ermita en la que sellar la Credencial y donde sale la bifurcación hacia Oviedo para realizar el Camino Primitivo. En mi caso decidí continuar por el Camino del Norte, así que seguí la señal correspondiente.

Ya en Niévares comenzó la primera subida, que me llevó casi una hora. Después la bajada se realiza por asfalto hasta Peón, donde por cierto hay un albergue para quienes quieran hacer la etapa más corta. Desde allí otra subida algo más fácil y desde la que se observa Gijón al fondo. Parece que está cerca, pero llegar hasta el centro de la ciudad lleva aún un buen rato.

Entrando en Gijón hice un desvío para ver la Universidad Laboral y, ya por la tarde salí a tomar una sidra con una amiga y recorrer el centro (aunque ya he estado varias veces y me lo conozco). No puedes dejar de dar una vuelta e incluso hacer algún free tour para conocer mejor todo lo que esconde la ciudad.

En Gijón me quedé en la Residencia Cimadevilla que, si no me equivoco, es una residencia de estudiantes que en verano acoge peregrinos. Tuve una habitación para mi sola, con cama hecha, toalla y baño privado. Además, incluye desayuno en el precio (15 euros) y está muy bien situada. Eso sí, para lavar ropa hay que caminar un buen cacho hasta la lavandería más cercana.

Camino del Norte, Gijón
La estampa más conocida de Gijón es su playa de San Lorenzo

Etapa 20: Gijón – Avilés 

Esta etapa se encuentra entre las más feas del Camino del Norte. Al comienzo se recorre toda la salida de Gijón, pasando por zonas industriales y barriadas que dan sensación de inseguridad entre fábricas y carreteras. Por el camino se pasa por zonas de polígonos y ya llegando a Avilés vuelven las grandes fábricas y un gran tramo de recorrido por carretera. Además, el día estuvo lluvioso y gris, así que no me gustó nada la etapa.

Eso sí, ya por la tarde pude recorrer el centro de Avilés y me sorprendió mucho. Ya había estado pero no lo recordaba tan bonito. Las calles del centro son porticadas y hay muchos rincones con encanto. ¡Incluso me salió el arcoiris antes de despedir el día! Si no quieres perderte nada, puedes hacer también un free tour aquí.

Aquella noche me alojé en el albergue de peregrinos Pedro Solís. Es un albergue bastante básico, pero por el precio no se le puede pedir más (7 euros si mal no recuerdo). Cuenta con cocina equipada que se puede utilizar, aunque no hay mantas este año por el coronavirus.

Camino del Norte, Avilés
Una de las coloridas calles porticadas de Avilés

Etapa 21: Avilés – Muros de Nalón 

Recuerdo esta etapa con cariño, pues aunque no hubo mucho que destacar en el recorrido, sí fue un día de mucha introspección. Fue un día lluvioso y con muchos tramos de monte, y en lugar de disgustarme por todo el barro y la humedad, cuanto más llovía más me hundía en mis reflexiones y más cosas sacaba en claro.

Llegué a Soto del Barco muy contenta de las vibraciones positivas de mi jornada pese a la lluvia, pudiendo contemplar su castillo y la curva del río Nalón entre la neblina. Más adelante crucé el río y ya llegando a Muros de Nalón escampó.

Allí, en el albergue Camino de la Costa, se forjó el grupito de amigos con el que seguiría mi Camino del Norte hasta Santiago. El albergue está bien y, como solo estábamos nosotros, tuve una habitación para mi sola. El alojamiento son 10 euros y el desayuno 2,50 euros. Tienen un bar donde también se puede tomar algo y cenar. La cocina estaba cerrada por el COVID-19.

Etapa 22: Muros de Nalón – Santa Marina 

La de este día fue una etapa muy bonita, pero dura. El final de etapa típico desde Muros de Nalón es Soto de Luiña, pero decidí alargar un buen tramo más hasta Santa Marina. Eso hizo que la primera parte de la etapa fuese más relajada, sin mucho desnivel, pasando por lugares tan bonitos como el pueblo de El Pito o la playa de la Concha de Artedo.

Tras dejar atrás Soto de Luiña y su icónica iglesia tocaba decidir nuevamente qué trazado escoger: Ballotas, por la costa, o Palancas, por la montaña. Me decidí por la costa, ya que el trazado de montaña solo se recomienda si se está en buena forma física, además de que prefería ver paisajes de playas, aunque no fue del todo así.

El camino por Ballotas recorre 7 pequeños valles que han ido formando los arroyos que pasan por allí y desembocan en el mar. El camino, por tanto, es un sube y baja continuo, y aunque tenía la esperanza de ver playas, el camino no pasa literalmente por ellas, sino que hay que ir haciendo desvíos.

Hasta Santa Marina, mi fin de etapa, pasé por 3 de estos valles. Justo antes de comenzar el último pude disfrutar de una de las vistas más bonitas de la costa asturiana: la de la Playa del Silencio. Para ello, hay que tomar el desvío en el pueblo de Castañeras. Después continué hasta mi destino donde también hay una playa espectacular: la playa de la Gueirúa, donde dicen que habitan las sirenas.

En Santa Marina me alojé en la Pensión Prada, donde tienen habitaciones dobles por 15 euros por personas. Tuve una habitación para mi sola y el baño era compartido con otra habitación. Incluye desayuno, que se ofrece en un bar cercano donde también se puede ir a cenar de menú.

Camino de Santiago sola, Playa del Silencio
Una de las playas más bonitas de Asturias, la Playa del Silencio.

Etapa 23: Santa Marina – Luarca 

Desde Santa Marina hasta Novellana me esperaban aún 4 Ballotas más, en las que destacar la playa de río Cabo al amanecer o las vistas desde lo alto de la playa de Tablizo. Después el terreno se suaviza y se camina entre pequeños pueblos y campo hasta Luarca.

Luarca es uno de los pueblos más bonitos y turísticos de la zona. La llegada al pueblo es impresionante, desde lo alto, con una increíble vista. Una vez llegué, salí a recorrer el centro del pueblo, muy bonito y cuidado con sus edificios antiguos y sus puentes sobre el río Negro.

Me hospedé en el albergue Villa de Luarca. Se encuentra frente al hotel del mismo nombre, donde hay que avisar para que te hagan el check-in. El precio son 13 euros solo alojamiento. Tiene servicio de lavandería, aunque es bastante caro (6 euros 2 kilos), por lo que sale más a cuenta juntarse con otros peregrinos e ir a la lavandería autoservicio. 

Camino del Norte, Luarca
Luarca es uno de los pueblos más turísticos de la zona

Etapa 24: Luarca – La Caridad

Salí de Luarca muy pronto, cuando estaba amaneciendo, pues tenía por delante una etapa larga. No estaba muy segura de llegar hasta La Caridad, así que me marqué primero el horizonte de Navia. La etapa discurrió de una forma muy fácil y con un día bonito, así que llegué a Navia totalmente en forma y decidí continuar.

Esta segunda parte del día se me hizo más larga, por los paisajes algo más monótonos que días anteriores y por los zigzags que hacía el camino para evitar la carretera que, siendo una recta, te mostraba La Caridad al final.

Allí me alojé en el albergue La Xana (15 euros), donde coincidí con el resto de chicos que formaría mi grupito del fin del Camino. Es un albergue nuevo, que está bien equipado y limpio y cuenta con un pequeño jardín donde además se puede lavar a mano. Eso sí, debido al coronavirus la cocina estaba cerrada y no servían desayuno. 

Camino del Norte, Navia
La plaza principal de Navia, parada en la etapa

Etapa 25: La Caridad – Vilela 

El día amaneció con un sol radiante, así que el objetivo estaba claro: una vez en Ribadeo, ¡había que ir sí o sí a la playa de las Catedrales! La mañana pasó muy rápido, y es que teníamos (iba con el grupo) la presión de llegar a Ribadeo a las 12:30 para poder tomar el autobús a la playa.

Decidimos ir por la ruta de Tapia de Casariego, que es la costera (también se puede ir por Tol o ir directamente a Vegadeo en lugar de Ribadeo), y en la ruta pudimos ver sus playas. En esta etapa se deja atrás Asturias para ingresar a Galicia, y se hace cruzando el largo puente a Ribadeo sobre la ría del Eo, que tiene unas impresionantes vistas a los pueblos costeros.

Logramos llegar a tiempo al autobús y reservamos las plazas para visitar la playa (hay que hacerlo obligatoriamente por aforo), así que pudimos disfrutar durante un ratito del espectáculo natural que han ido formando las olas en las rocas a lo largo de los años. Ya de vuelta en Ribadeo, almorzamos y, en lugar de hacer noche allí, seguimos camino hasta Vilela, el siguiente pueblo del Camino del Norte.

Allí nos quedamos en el albergue A Pena-Vilela, donde comenzamos nuestra tradición de despedir el día con unos orujos. El albergue está en un entorno muy bonito y tranquilo y, aunque es pequeño, está bien equipado. La noche son 12 euros (solo alojamiento) y hay un bar al lado donde cenar y desayunar.

Camino del Norte, playa de las Catedrales
Merece la pena cuadrar la etapa para poder visitar la playa de las Catedrales

Etapa 26: Vilela – Lorenzana

La etapa de este día terminaba oficialmente en Gondán, pero dado que el albergue estaba cerrado decidimos seguir hasta un poco más adelante: Lorenzana. Nos adentrábamos ya hacia el interior de Galicia y se comenzaron a notar los montes, con alguna que otra subida pronunciada. El día transcurrió, pues, entre verdes montes con bonitas vistas a los valles hasta descender hasta Lorenzana, donde destaca el Monasterio Benedictino de San Salvador.

Allí nos quedamos en el albergue Savior, que es muy bonito y acogedor. Todo estaba muy limpio, la cama estaba hecha y tenía servicio de lavadora y secadora. El alojamiento cuesta 13 euros y el desayuno 2,50 euros.

Camino del Norte, Lorenzana
La fachada del Monasterio de Lorenzana

Etapa 27: Lorenzana – Abadín 

Con el cielo amenazando lluvia completé la primera parte de esta etapa, que me llevó hasta Mondoñedo. Localidad histórica, no hay que perderse su preciosa Catedral, la cual se puede visitar por 3 euros (precio de peregrino) y donde se puede sellar la Credencial.

El día se preveía duro, con una gran subida desde Mondoñedo hasta Abadín, así que pasé por el supermercado a comprar algo de comida. Finalmente la subida no fue tan dura como todo el mundo me había advertido, pero sí algo eterna debido a la niebla y la lluvia.

Ya en Abadín, me alojé con el grupo en el albergue Goas. Está muy bien pues es nuevo y las instalaciones son amplias (¡hay hasta ascensor y secador de pelo!). Eso sí, la recepcionista no era muy simpática. El precio era de 13 euros (si mal no recuerdo) solo alojamiento. 

Camino del Norte, Mondoñedo
Mondoñedo merece una pausa larga en la etapa

Etapa 28: Abadín – Villalba

El día comenzó nublado, aunque poco a poco se fue despejando. La ruta discurrió nuevamente por monte, aunque con un perfil mucho más suave, y entre bosques de cuento. Crucé pequeños ríos, puentes de piedra y túneles formados por las copas de los árboles, siendo una de las etapas que más paz me dieron en todo el Camino del Norte.

No fue una etapa pesada ni dura, pero sí recuerdo que la entrada a Villalba se me hizo muy larga. Primero, porque llegas al polígono y crees que ya estás, pero no, aún queda un cacho. Y segundo, por la larga avenida que hay que recorrer para llegar al centro. Una vez allí tuve tiempo de explorar un poquito el pueblo, donde destaca su Parador, reconocible por su bonito torreón medieval.

La noche la pasé en el albergue As Pedreiras, otro albergue bastante nuevo y amplio llevado con mimo. Tienen lavadora y secadora y zona común con cocina. 

Camino del Norte, puente
Uno de los puentes de piedra que crucé en un bosque mágico

Etapa 29: Villalba – A Lagoa 

Este día se cumplía un mes desde que había iniciado el Camino y la vida me regaló un precioso amanecer a la salida de Villalba. El día fue muy bonito, con un sol radiante en el cielo y cruzando de nuevo puentes de piedra y bosques.

En lugar de terminar el día en Baamonde, donde por cierto está el mojón de los últimos 100 kilómetros, estiré la etapa un poco más para comerle unos kilómetros al día siguiente. Es justo pasado Baamonde y la bonita capilla de San Alberte donde hay que elegir de nuevo qué sendero recorrer hasta llegar a Sobrado dos Monxes: uno más largo, por pueblos, y otro más corto, pero aún así de unos 30 kilómetros, por monte.

Elegí (junto con el resto del grupo) ir por el largo para así poder alargar esta etapa hasta uno de los pueblos. Así pues, un rato después de Baamonde llegué hasta A Lagoa, donde dormimos esa noche, pasando antes por Seixón a poner en mi Credencial el sello lacrado del artista Chacón.

El albergue A Lagoa también está muy bien, con habitaciones amplias con camas grandes en la parte de abajo de algunas literas (así que si llegas pronto, las puedes elegir). Tiene un jardín grande donde relajarte por la tarde, servicio de lavadora, una pequeña tienda para comprar algo de comida para el día siguiente y un bar donde se puede comer y cenar de menú. Cuesta 12 euros e incluye desayuno.

Camino del Norte, amanecer
El precioso amanecer con el que comencé la etapa

Etapa 30: A Lagoa – Sobrado dos Monxes 

Desde A Lagoa hasta Sobrado dos Monxes se preveía una etapa dura, pues aunque fuésemos por pueblos, no hay muchos servicios en esta ruta. Casi toda la etapa fue de subida, pues entre otras cosas, se alcanza el pico más alto del Camino del Norte, a 710 metros de altitud.

La etapa no me gustó especialmente, en parte porque no había tanto bosque como en etapas anteriores y también porque hubo un tramo antes de llegar a O Mesón donde habían hecho un camino nuevo junto a la carretera para los peregrinos ¡con miles de piedritas que se clavaban en los pies! Fue horrible ese tramo.

Ya en Sobrado dos Monxes tuve tiempo de acercarme hasta el Monasterio, aunque solo pude ver la fachada pues está cerrado a las visitas por obras.

Allí nos alojamos en el albergue Lecer (10 euros solo alojamiento), no muy lejos de la plaza principal donde hay varios bares donde comer y tomar algo. Las duchas están muy bien y tiene servicio de lavadora (2 euros 15 minutos de lavado con centrifugado si mal no recuerdo). 

Camino del Norte, Sobrado dos Monxes
Aunque esté cerrado a las visitas, el monasterio es muy bonito por fuera también

Etapa 31: Sobrado dos Monxes – Salceda 

Salí de Sobrado dos Monxes aún de noche y el Camino me regaló otro bonito amanecer. Con la etapa de hoy terminaba el Camino del Norte, pues en Arzúa se junta con el Francés, así que en cierto modo me supo a despedida. La ruta hasta Arzúa fue facilita, pasando por alguna que otra ermita, aunque con mucho asfalto y carretera.

Ya en Arzúa se comienza a notar una mayor afluencia de peregrinos, pues el Camino Francés es el más concurrido. No solo en eso cambia el Camino en Arzúa, sino que las zonas para caminar son más anchas, hay menos asfalto y muchos más bares.

Uno de los lugares donde hay que parar sí o sí es en el bar Casa Tía Dolores. Allí venden la famosa cerveza Peregrina y es tradición que, tras beber, dejes un mensaje en la botella y la coloques en alguna parte del patio. Yo dejé dos: un consejo y un deseo. Te reto a que las encuentres ;).

Después de esta pausa, seguí con el equipo hasta Salceda, donde nos alojamos en el albergue turístico A Salceda y pudimos disfrutar de su jacuzzi y un cielo increíblemente limpio por la noche para contemplar las estrellas. Tienen parte de albergue y habitaciones dobles con baño privado. Nos quedamos en estas y la noche fueron 15 euros (alojamiento). Allí hay un bar donde se puede comer, cenar y desayunar. 

Etapa 32: Salceda – Santiago de Compostela

¡Y llegó el gran día! Después de muchos días y kilómetros caminados, tocaba llegar a Santiago de Compostela. La primera parte de la etapa hasta O Pedrouzo fue facilita, aunque el resto día no lo iba a ser tanto. Desde O Pedrouzo comenzaron las cuestas y, aunque la primera, hasta la zona del aeropuerto, me resultó fácil y me pareció que los kilómetros descendían muy rápido, lo que vino después me desmoralizó mucho.

En Lavacolla comencé a tener mucho dolor de pies y llegó una subida pronunciada que, bajo el sol del mediodía, me dejó K.O. Una vez arriba parecía que se acababa, pero llegar hasta la cima del Monte do Gozo se me hizo eterno y acabé cabreada. ¡No me podía creer que mi último día de Camino se me hiciese tan duro y estuviera tan enfadada!

Por suerte, el resto de la etapa ya era bajada hasta Santiago y, aunque la entrada a la ciudad es muy fea por ir por el polígono, finalmente logré sobreponerme al cabreo de las cuestas y el calor. Una vez acaba el polígono y la zona nueva de la ciudad, se entra en el casco histórico y ya se siente el fin del viaje.

El sonido de una gaita me acompañó en los últimos metros atravesando el túnel que da acceso a la plaza del Obradoiro ¡y allí estaba imponente la Catedral! Después de 800 kilómetros y más de un mes de viaje, conseguí el objetivo de llegar a Santiago.

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Camino del Norte, Santiago de Compostela
Después de 32 etapas y 798 kilómetros… ¡llegué a Santiago!

Me quedé con el equipo en el hotel Oxford, muy cerca de la Catedral, en una habitación cuádruple que nos salió a 13,50 euros cada uno, muy cómoda y con baño privado. Al día siguiente también nos quedamos en la ciudad, aunque tuvimos que cambiar de alojamiento por no haberlo previsto con tiempo. La segunda noche la pasamos en el hotel Alda Avenida por 17 euros cada uno. Si vas en grupo los precios acaban siendo parecidos a lo que cuesta una cama en albergue, por lo que merece la pena echar un vistazo a las opciones de alojamiento en Santiago.

Esos días en Santiago tocaba hacer balance de lo vivido y tomar una última decisión: ¿volver a casa o continuar hasta Finisterre? La etapa de la llegada a Santiago me había dejado sin ganas de más, pero tras descansar unas horas me lo pensé mejor y supe que no podía quedarme con las ganas. ¡Me iba hasta Finisterre!

Si quieres conocer cómo fue esa aventura, no te pierdas el post sobre el Camino de Finisterre. Mientras, espero que este post con mi recorrido del Camino del Norte y sus etapas te ayude de algún modo a planificarte y conocerlo mejor. Para mi se quedará para siempre en un rinconcito de mi corazón como uno de mis mejores viajes.

¿Buscas más información sobre el Camino de Santiago? Seguro que estos posts te ayudan: 

Estela Gómez

Viajera, fundadora de #QuieroViajarSola y travel blogger en Viajes e ideas. En 2016 agarré una mochila y me fui de viaje sola por primera vez a recorrer Sudamérica durante 6 meses y, desde entonces, quiero que todas las mujeres viajen solas porque es una de las mejores experiencias que se pueden tener en la vida.


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