Esta ciudad del País Vasco francés fue el destino de vacaciones de la aristocracia europea en el pasado y, sin duda, está entre los lugares imperdibles en la zona. Sus playas, su arquitectura y su ambiente de veraneo merecen al menos un día, así que aquí te cuento qué ver en Biarritz para que no te pierdas nada. Yo pude visitarla durante mi viaje sola por la costa vasca en el verano de 2026 y me gustó mucho.

Qué ver en Biarritz en un día
Durante siglos, Biarritz fue una pequeña localidad costera cuyos habitantes vivían principalmente de la pesca y de la caza de ballenas. Esta actividad fue especialmente importante durante la Edad Media, aunque fue perdiendo peso a partir del siglo XVII, cuando los cetáceos comenzaron a alejarse del golfo de Vizcaya. El gran cambio llegó en el siglo XIX, cuando la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, eligió Biarritz como lugar de veraneo y mandó construir la Villa Eugénie, actual Hôtel du Palais.
La presencia de la pareja imperial convirtió Biarritz en uno de los destinos más elegantes de Europa. La ciudad comenzó a recibir a aristócratas, miembros de familias reales y personalidades de distintos países, que levantaron villas, hoteles y casinos. Tras el declive de aquel turismo aristocrático, Biarritz volvió a transformarse durante el siglo XX gracias al surf, introducido en sus playas durante la década de 1950. Desde entonces, allí conviven el legado del lujo y la elegancia con una faceta más deportiva y actual. ¡Te cuento lo que no te puedes perder!

Villa Javalquinto
Para comenzar tu ruta por Biarritz te recomiendo hacerlo en la Villa Javalquinto, que actualmente es la Oficina de Turismo y Congresos de la ciudad. Además de poder preguntar por información turística, junto al edificio está la parada de autobuses urbanos del Ayuntamiento de Biarritz (Mairie), por lo que si te mueves en transporte público llegarás hasta este lugar como yo.
El palacete fue construido hacia 1866 por encargo del duque de Osuna y marqués de Javalquinto, uno de los aristócratas españoles más destacados que veraneaban en Biarritz. La propiedad contaba además con un parque de unos 5.000 metros cuadrados, aunque buena parte de aquellos jardines ha desaparecido con el crecimiento de la ciudad.
En sus salones se celebraron lujosas fiestas y recepciones hasta la muerte del duque de Osuna en 1900. La villa pasó después por diferentes propietarios y en 1924 se convirtió en sede del Ayuntamiento de Biarritz, función que mantuvo hasta 1953. En la actualidad puede accederse al interior durante el horario de apertura de la Oficina de Turismo.

Casino de Biarritz
A pocos pasos de allí tienes otro importante lugar relacionado con la aristocracia que dio fama a Biarritz. Se trata del Casino, con una ubicación privilegiada frente a la Grande Plage, en pleno centro de la ciudad. El edificio actual fue construido en 1929 por el arquitecto local Alfred Laulhé y es uno de los mejores ejemplos de arquitectura art déco de Biarritz, con sus líneas geométricas, su fachada blanca y su galería abierta hacia el océano.
El Casino se construyó cuando Biarritz ya estaba consolidada como una de las estaciones balnearias más elegantes de la costa atlántica. No fue, sin embargo, el primero de la ciudad, pues ya había existido otro casino desde mediados del siglo XIX. El nuevo edificio reunió en un mismo espacio salas de juego, salones para recepciones, un teatro, una piscina y una galería exterior desde la que contemplar el mar.

Playas de Biarritz
Las playas son uno de los grandes atractivos de Biarritz y forman parte de la identidad de la ciudad desde que comenzó a ponerse de moda como destino balneario en el siglo XIX. La ciudad tiene unos cuatro kilómetros de costa en los que hay seis playas muy diferentes entre sí.
La más conocida es la Grande Plage, situada en pleno centro, entre el Hôtel du Palais y el Casino. Es una playa amplia y muy concurrida, rodeada de cafés, restaurantes y algunos de los edificios más emblemáticos de Biarritz. Al norte se encuentra la Plage du Miramar, algo más tranquila y separada de la anterior por el Hôtel du Palais, aunque cuando baja la marea se puede pasar de una a otra por la arena.
La que más me gustó es la Plage du Port-Vieux, una pequeña cala protegida por las rocas y situada donde estaba el antiguo puerto. Sus aguas están más resguardadas del oleaje, por lo que es una buena opción para bañarse, y además tienes vistas a la Rocher de la Vierge.

La playa Côte des Basques es uno de los lugares donde comenzó a practicarse el surf en Europa durante la década de 1950. Su arenal depende mucho de las mareas y puede quedar casi completamente cubierto cuando sube el agua, por lo que conviene consultar los horarios antes de bajar.
Más al sur se encuentran las playas de Marbella y Milady. Marbella conserva un ambiente algo más salvaje y es frecuentada principalmente por surfistas, aunque su acceso requiere bajar bastantes escaleras. La Milady es más amplia y accesible, con un paseo marítimo y zonas verdes. En todas ellas hay que prestar atención a las indicaciones de los socorristas, ya que el oleaje y las corrientes del Atlántico pueden ser fuertes.

Faro de Biarritz
Hacia el norte se encuentra el Faro de Biarritz, que se levanta sobre la Pointe Saint-Martin y es uno de los mejores miradores de la ciudad. Fue construido entre 1830 y 1834 para facilitar la navegación por esta parte de la costa atlántica y continúa en funcionamiento. Su ubicación marca además la separación entre la costa arenosa de las Landas, al norte, y los acantilados rocosos del País Vasco francés, al sur.
La torre cilíndrica, pintada de blanco, mide 47 metros de altura y se encuentra sobre un promontorio, por lo que su parte superior queda a unos 73 metros sobre el nivel del mar. Para llegar a lo alto hay que subir una escalera circular de 248 peldaños. El esfuerzo merece la pena, ya que desde arriba se obtiene una panorámica de 360 grados sobre Biarritz y el océano, e incluso se llegan a ver las torres de la Catedral de Bayona. Ahora bien, ¡no es apto para personas con vértigo!
Para subir al faro hay que pagar y se puede visitar durante buena parte del año, aunque los horarios cambian según la temporada y puede cerrar cuando las condiciones meteorológicas no son favorables. Si no quieres subir, también merece la pena acercarse hasta el mirador situado a sus pies, desde donde tienes una bonita vista de Biarritz.

Rocher de la Vierge
Otro de los puntos más famosos de Biarritz es el Rocher de la Vierge (o Roca de la Virgen). Se trata de una formación rocosa situada frente a la costa y unida a tierra mediante una pasarela, desde la que se tiene una buena panorámica de la costa.
Este peñasco comenzó a transformarse durante el reinado de Napoleón III. El emperador impulsó la construcción de un puerto de refugio en esta zona y ordenó perforar la roca para facilitar las obras. Aquel ambicioso proyecto portuario no llegó a completarse, pero todavía se puede atravesar el pequeño túnel abierto en el interior del roquedo.
La estatua de la Virgen fue colocada en lo alto en 1865. Según la tradición local, recuerda a unos pescadores que consiguieron regresar a la costa después de verse sorprendidos por una fuerte tormenta. En medio de la oscuridad habrían seguido una luz que los condujo hasta tierra firme, por lo que atribuyeron su salvación a la protección de la Virgen.

Acuario de Biarritz
El Acuario de Biarritz se encuentra frente al Rocher de la Vierge, dentro de un llamativo edificio art déco inaugurado en 1933. Antes era conocido como Musée de la Mer, y de hecho puede verse esta inscripción en la puerta todavía. No llegué a entrar a verlo porque es algo que a mí particularmente no me interesa demasiado, pero se pueden ver peces, medusas, caballitos de mar, tortugas, rayas y tiburones procedentes de ecosistemas del Atlántico, el Caribe y la región indopacífica. Uno de los espacios más destacados es el gran tanque de 1,5 millones de litros, donde conviven varias especies marinas.

Puerto de pescadores
Otro rincón con encanto es el puerto de pescadores de Biarritz, que se encuentra en una pequeña ensenada natural situada entre el centro de la ciudad y el Rocher de la Vierge. Uno de sus elementos más característicos son las crampottes, pequeñas casas de paredes blancas y ventanas de colores muy típicas de esta zona de Francia.
Antiguamente eran utilizadas por los pescadores para guardar redes, herramientas y otros aparejos y, aunque algunas todavía conservan esta función, muchas se han convertido en restaurantes. Si te apetece comer pescado o marisco, son una buena opción (aunque suele haber cola).

Iglesia de Santa Eugenia
Sobre el pequeño puerto se alza la Iglesia de Santa Eugenia. Antes de la iglesia actual existió en este lugar una pequeña capilla construida en 1856. Con el crecimiento de Biarritz, el espacio resultó insuficiente y fue sustituido por un templo de mayores dimensiones, levantado entre 1898 y 1903 según el proyecto del arquitecto Ernest Lacombe.
El edificio es de estilo neogótico y está construido con piedra gris de Arudy en el exterior y piedra más clara en el interior. La iglesia tiene planta de cruz latina y un campanario de 32 metros de altura. Desde 2023 está cerrada debido a la aparición de grietas y problemas estructurales y, aunque existe un proyecto para consolidar y restaurar el edificio, de momento hay que conformarse con verlo desde la puerta.

Museo Histórico de Biarritz
Desde la iglesia puedes adentrarte en el centro hisótico de la ciudad. Allí encontrarás el Museo Histórico de Biarritz, que se ubica en la antigua iglesia anglicana de Saint Andrew’s, construida en 1878 para atender a la numerosa comunidad británica que residía o pasaba largas temporadas en la ciudad. Su arquitectura neogótica y algunos elementos del antiguo templo todavía se conservan, por lo que el propio edificio forma parte del interés de la visita.
El museo fue creado en 1986 por la asociación Amigos del Museo Histórico de Biarritz, que durante años reunió objetos y documentos relacionados con el pasado de la ciudad. La exposición explica la evolución de Biarritz desde sus orígenes como pueblo de pescadores hasta su transformación turística, y sus fondos incluyen fotografías, postales, cuadros, carteles, muebles, prendas de vestir, joyas y otros objetos cotidianos.
Halles de Biarritz
Al lado tienes el principal mercado cubierto de la ciudad, conocido como Les Halles. En el interior hay puestos de frutas y verduras, quesos, carnes, embutidos, pan, repostería y productos preparados, mientras que en la zona del pescado se venden pescados y mariscos procedentes de la costa atlántica. También es un buen lugar para comprar productos típicos del País Vasco francés, como queso de oveja, jamón de Bayona, gâteau basque, pimientos de Espelette o conservas.
Además, las calles que lo rodean concentran numerosos bares y terrazas donde tomar pintxos, ostras, pescado o una copa de vino. La zona está especialmente animada al mediodía y por la noche, por lo que merece la pena acercarse aunque no tengas intención de comprar nada.

Iglesia de San José
Enfrente del mercado puedes visitar la Iglesia de San José, inaugurada en 1895. Originalmente funcionó como capilla del convento de los Padres Dominicos, una orden religiosa que permaneció en la ciudad hasta 1965. Su relación con los dominicos todavía puede apreciarse en diferentes elementos del interior, como la sillería del coro.
Entre sus elementos más interesantes destacan dos mosaicos situados a ambos lados del coro. Uno representa a Nuestra Señora del Rosario acompañada por Santo Domingo y Santa Catalina de Siena, mientras que el otro está dedicado al Sagrado Corazón. Fueron realizados por la empresa Facchina de París, especializada en decoraciones de mosaico.

Gare du Midi
Otro lugar que puedes visitar en el centro de Biarritz es la Gare du Midi, que originalmente fue una estación de tren. Se inauguró en 1911 con el nombre de Biarritz-Ville para acercar el ferrocarril al centro, ya que la estación principal de La Négresse, la actual estación de Biarritz, se encontraba bastante alejada de la zona turística.
El edificio fue diseñado por el arquitecto Adolphe Dervaux para la Compagnie du Midi. Su fachada, de estilo art nouveau, destaca por las grandes arcadas y los amplios ventanales. Con el paso del tiempo, el servicio fue perdiendo importancia y el último tren circuló en septiembre de 1980. A finales de aquella década, parte de las instalaciones ferroviarias fueron demolidas, mientras que el edificio principal se conservó y se transformó en un espacio para espectáculos y congresos.

Capilla Imperial
Escondida en una zona residencial está un pequeño lugar que suele pasar desapercibido. Se trata de la Capilla Imperial, construida en la época en la que Napoleón III y la emperatriz Eugenia pasaban los veranos en Biarritz. Es el único edificio del antiguo dominio imperial que se conserva prácticamente completo.
La capilla fue diseñada por Émile Boeswillwald, arquitecto y discípulo de Eugène Viollet-le-Duc. La emperatriz Eugenia participó directamente en la elección del proyecto y contó también con el asesoramiento del escritor e inspector de monumentos Prosper Mérimée. El templo fue consagrado en 1865 y estuvo destinado al uso privado de la familia imperial.
Su arquitectura combina elementos romano-bizantinos con una decoración de inspiración hispanomusulmana. En el interior destacan las pinturas murales, los azulejos, los arcos decorados y los colores dorados y azulados. Por todo ello, fue declarada Monumento Histórico en 1981. No suele estar abierta y normalmente solo puede conocerse mediante visitas guiadas organizadas por la Oficina de Turismo, por lo que te recomiendo consultar con ellos y reservar con antelación.

Iglesia Ortodoxa
Otro rincón curioso es la Iglesia Ortodoxa Rusa de Biarritz, levantada cuando numerosos miembros de la aristocracia rusa comenzaron a pasar largas temporadas en la costa vasca. El templo fue construido entre 1890 y 1892 y está dedicado a la Protección de la Madre de Dios. Su arquitectura combina elementos romano-bizantinos con una planta central dominada por una cúpula.
En el interior destacan los objetos litúrgicos y las antiguas imágenes religiosas procedentes en buena parte de San Petersburgo. La iglesia se puede visitar, aunque está un poco descuidada y te piden una donación voluntaria para ayudar en su conservación.

Villas de Biarritz
Por último, por toda la ciudad vas a encontrar preciosas villas, uno de los mejores testimonios de la transformación que vivió la ciudad a partir de mediados del siglo XIX. Cuando Napoleón III y la emperatriz Eugenia comenzaron a pasar aquí los veranos, Biarritz atrajo a aristócratas, empresarios y familias adineradas de diferentes países. Muchos de ellos construyeron grandes residencias rodeadas de jardines, especialmente cerca del dominio imperial y en los nuevos barrios que fueron surgiendo alrededor del centro.
Una de sus principales características es la variedad de estilos. Hay villas neogóticas, neomedievales, italianizantes, anglonormandas y art déco, además de edificios con influencias españolas y orientales. Entre las más conocidas se encuentran la Villa Belza, la Villa Cyrano, la Villa Natacha o la Folie Boulart. Muchas de estas casas siguen siendo propiedades privadas y solo pueden contemplarse desde el exterior.

Cómo llegar a Biarritz
Biarritz se encuentra en la costa del País Vasco francés, a unos 30 kilómetros de la frontera con España. Su cercanía a ciudades como Bayona, San Juan de Luz, Burdeos o San Sebastián te permite llegar fácilmente por carretera, pero también cuenta con aeropuerto, estación de tren y conexiones de autobús de larga distancia.
Vuelos a Biarritz
El aeropuerto más cercano es el aeropuerto de Biarritz-Pays Basque, que se encuentra a unos tres kilómetros del centro. Recibe vuelos nacionales desde ciudades francesas como París y conexiones internacionales que varían según la temporada. Por este motivo, te recomiendo revisar las rutas disponibles desde tu aeropuerto más cercano para las fechas concretas del viaje. Si no encuentras un vuelo conveniente, también puedes consultar los aeropuertos de Burdeos, Bilbao y San Sebastián y desde allí continuar por carretera o transporte público hasta Biarritz.
Desde el aeropuerto se puede llegar al centro mediante la línea 11 de la red de autobuses Txik Txak. También hay taxis, vehículos VTC y oficinas de alquiler de coches. El trayecto por carretera es corto, aunque puede alargarse durante el verano debido al tráfico.
Viajar a Biarritz en tren
Si te mueves en transporte público, una opción para llegar a la ciudad es el tren. La estación de Biarritz se encuentra en el barrio de La Négresse, aproximadamente a tres kilómetros del centro. Recibe trenes TGV de alta velocidad y servicios regionales TER, por lo que está muy bien conectada con otros destinos franceses. Ahora bien, la estación está lejos del centro y para llegar a tu alojamiento o los puntos de interés tendrás que tomar un taxi o un autobús urbano (líneas 12 o 5).
Para viajar desde España en tren es necesario hacer algún cambio. Una opción es llegar hasta Irún y allí tomar el Euskotren a Hendaya, y después continuar desde la estación francesa de Hendaya en un tren TER hacia Biarritz.

Cómo llegar a Biarritz en autobús
En caso de optar por el autobús, a Biarritz llegan autobuses de larga distancia operados por compañías como FlixBus y BlaBlaCar Bus desde España. En caso de estar ya en la región, tus mejores aliados serán los autobuses de Txik Txak ya que hay varias líneas que llegan desde destinos cercanos, como Bayona o San Juan de Luz. Yo llegué a Biarritz desde Bayona en la línea T1 que te deja en la parada junto al Ayuntamiento, en pleno centro.

Cómo ir a Biarritz en coche
Si vas a ir en coche, desde España, la ruta más rápida atraviesa la frontera de Irún y continúa por la autopista A63. Biarritz se encuentra a unos 50 kilómetros de San Sebastián y a unas dos horas de Bilbao. Desde Burdeos también se llega por la A63 en aproximadamente dos horas.
El coche resulta útil si quieres recorrer otros lugares del País Vasco francés, pero no es imprescindible para visitar Biarritz. La mayoría de sus atractivos se concentran en el centro y se pueden conocer caminando. Además, aparcar puede resultar complicado y caro durante el verano. Una alternativa es dejar el vehículo en el aparcamiento disuasorio de Halle d’Iraty y continuar en autobús hasta el centro.
Dónde dormir en Biarritz
Yo no me alojé en Biarritz, ya que visité la ciudad durante el día desde Bayona, donde pasé dos noches. Ambas localidades están muy cerca y cuentan con buenas conexiones de tren y autobús, por lo que Bayona puede ser una alternativa práctica y normalmente algo más económica para conocer Biarritz sin necesidad de cambiar de alojamiento.
Si prefieres dormir en Biarritz, la zona más cómoda es el centro, alrededor de la Grande Plage, Les Halles y la plaza Clemenceau. Desde aquí se puede llegar caminando a la mayoría de los lugares de interés, además de tener cerca numerosos restaurantes, tiendas y paradas de autobús. La principal desventaja es que los precios suelen ser elevados, especialmente durante el verano.
Ya ves que hay muchas cosas que visitar en Biarritz y que es una ciudad fácil de recorrer. Todo está más o menos cerca y puedes caminar de un sitio a otro, y además tienes cosas muy diferentes para disfrutar de la ciudad, de las playas a su arquitectura pasando por sus sitios históricos. Ya sea que la visites a modo de excursión desde Bayona como hice yo o que decidas quedarte durante una estancia más larga, merece la pena incluirla en una ruta por el País Vasco francés.
Este post pertenece a la guía para viajar sola a Francia
Viajera y fundadora de Quiero Viajar Sola. Desde que comencé a viajar sola en 2016 siempre tuve una inquietud: motivar a otras mujeres a viajar solas. Para ello, decidí crear este blog en 2018, en el que te cuento todos los viajes que he realizado en solitario en estos 10 años como viajera independiente y te doy consejos para que puedas organizar tu viaje por libre y disfrutar recorriendo el mundo en solitario.

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