50 cosas que ver en París y alrededores (con mapa)

Si hay un destino al que me encanta volver una y otra vez es París. La he visitado muchas veces acompañada y una en solitario (otoño de 2022) y siempre hay algo que me sorprende. Gracias a mis viajes, he preparado este post en el que te muestro 50 cosas que ver en París (en realidad, si miras el mapa, verás que hay alguna más). Por supuesto, encontrarás los lugares más conocidos, pero también he incluido muchos que suelen pasar desapercibidos o que no son tan famosos. ¿Te animas a descubrirlos?

Ebook consejos para viajar sola

Qué ver en París y alrededores en varios días

Durante mi último viaje me preguntaron varias veces en redes sociales qué es lo que hay que ver en París sí o sí. La respuesta puede que no te resuelva mucho el misterio, y es que todo depende de tus intereses. Por ejemplo, para mí un must es el museo del Louvre, pero si no te gusta el arte, creo que sería mejor que dedicases las horas de esa visita a conocer otro lugar que te interese más.

Como hay muchísimas cosas que ver y París es muy grande, en este post he dedicido dividir la ciudad en zonas o barrios para agrupar qué sitios no te puedes perder en cada uno de ellos. De esta manera, te será más fácil decidir cómo visitar la ciudad y verás más claro qué parte hacer cada día. A continuación te cuento qué visitar dentro de cada zona, pero si quieres tener una imagen más visual, aquí te dejo un mapa donde está todo señalado, así como como estaciones, aeropuertos, etc.:

Y si te preguntas cómo puedes distribuir todo esto en los días que tienes para visitar París, mi recomendación sería la siguiente (si tienes menos días, prioriza los lugares más conocidos o que te generen más curiosidad):

  • Día 1: zona Torre Eiffel y zona Campos Elíseos
  • Día 2: zona centro
  • Día 3: islas del Sena y Barrio Latino
  • Día 4: Montmartre y barrios Le Marais y Bastilla
  • Día 5: Versalles
  • Día 6: Vincennes y Père-Lachaise

Zona Torre Eiffel

La Torre Eiffel es uno de los lugares más emblemáticos de París y no puede faltar en tu viaje. Pero más allá de la icónica silueta de hierro que domina el skyline de la ciudad, el barrio que la rodea esconde jardines, museos y rincones perfectos para pasear sin prisas y con increíbles vistas, a un lado y al otro del río Sena.

Torre Eiffel

Si es tu primera vez en París, no dudes en subir a la Torre Eiffel para disfrutar de las vistas y conocer un poco mejor el gran símbolo de la ciudad. Fue construida para la Exposición Universal de 1889 y diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel y, aunque en su momento generó mucha polémica, hoy es el icono indiscutible de la capital francesa. Con sus más de 300 metros de altura, tiene miradores en la segunda y tercera planta para divisar París en 360º.

Incluso si decides no subir, merece la pena disfrutarla desde distintos ángulos. Desde los Campos de Marte, el gran jardín que se extiende a sus pies, tendrás una buena perspectiva y podrás sentarte en el césped a contemplarla todo el tiempo que quieras. Y si buscas una imagen más parisina, la Rue de l’Université tiene uno de los encuadres más bonitos, con la torre asomando al fondo entre edificios típicos de la ciudad.

Por la tarde, acércate al atardecer y siéntate al otro lado del Sena para disfrutar cómo va cambiando la luz del cielo y cómo se encienden las luces de la torre. Una vez es de noche, a las horas en punto la torre se ilumina con cientos de lucecitas parpadeantes. ¡No te lo pierdas!

Te cuento cómo subir a la Torre Eiffel en otro post

La Torre Eiffel ilumianda de noche
La Torre Eiffel iluminada de noche es un espectáculo

Trocadero

El Trocadero es otro buen lugar para contemplar la Torre Eiffel. Situado justo enfrente, al otro lado del Sena, es una gran explanada con escalinatas que suben al Palacio de Chaillot, convirtiendo al Trocadero en un mirador natural. Desde aquí podrás hacer algunas de las fotografías más famosas de la ciudad. Además, en el propio Palais de Chaillot tienes varios museos, así que, además de vistas, puedes hacer una visita cultural si te apetece.

Yo en Trocadero con la Torre Eiffel detrás
Desde la esplanada de Trocadero tendrás unas increíbles vistas a la Torre Eiffel

Paseo en barco por el Sena

Un paseo en barco por el Sena es una de las experiencias más bonitas que puedes vivir en París, especialmente si es tu primera vez en la ciudad. Desde el río puedes descubrir muchos de los monumentos más emblemáticos desde una perspectiva diferente, de forma cómoda y con comentarios guiados sobre cada lugar. Durante el recorrido pasarás junto a algunos de los grandes iconos parisinos, como la Torre Eiffel, el Museo del Louvre, la Catedral de Notre Dame o el Museo de Orsay.

Existen distintas modalidades: cruceros panorámicos de una hora aproximadamente, paseos al atardecer e incluso cenas a bordo. Si buscas un momento especial, el atardecer es una de las mejores opciones, ya que puedes ver cómo va cambiando la ciudad mientras se encienden las luces de los monumentos. Junto a la Torre Eiffel hay un embarcadero desde donde suelen salir estos paseos, aunque también los encontrarás en otras zonas de la ciudad.

Gente en el barco al caer la noche
El crucero que tomé, pasando por Notre Dame

Los Inválidos

También cerca de la Torre Eiffel puedes visitar el complejo de Los Inválidos. Fue construido en el siglo XVII por orden de Luis XIV como residencia y hospital para soldados veteranos heridos en guerra. Hoy en día, sigue teniendo función militar, pero lo más llamativo es la cúpula dorada del Dôme des Invalides, bajo la cual se encuentra la tumba de Napoleón Bonaparte.

Además, allí puedes visitar varios museos. Uno de ellos es el Museo del Ejército, con el que comprender la historia de Francia y Europa desde la Edad Media hasta hoy. El Museo de la Orden de la Liberación está dedicado a la Francia Libre y a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el Museo de los Planos en Relieve alberga una colección de maquetas militares de ciudades fortificadas francesas.

Fachada de los Inválidos
Bajo la cúpula de los Inválidos está la tumba de Napoleón

Zona Campos Elíseos

La zona de los Campos Elíseos es una de las más elegantes y monumentales de París. Aquí está la gran avenida parisina que todos tenemos en mente con sus boutiques de lujo, pero más allá de las tiendas y del bullicio, en este barrio hay también algunos monumentos que no te puedes perder.

Arco del Triunfo

Para empezar a recorrer los Campos Elíseos, nada mejor que hacerlo en el Arco del Triunfo, donde confluyen nada menos que doce avenidas (y sí, el tráfico es una locura). Fue mandado construir por Napoleón Bonaparte en 1806 para conmemorar las victorias del ejército francés, aunque no se terminó hasta varias décadas después. Con casi 50 metros de altura, es uno de los arcos triunfales más grandes del mundo.

En sus fachadas podrás observar relieves escultóricos que representan escenas históricas y nombres de batallas y generales franceses grabados en la piedra. Bajo el arco se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido, acompañada de una llama eterna que rinde homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial.

Pero lo mejor no es verlo a pie de calle, sino subir a la terraza y su mirador con una de las vistas más espectaculares de París. Desde arriba se aprecia el trazado radial de las avenidas y la perspectiva de los Campos Elíseos hasta la plaza de la Concordia y el Louvre.

Un cara del Arco del Triunfo
Una de las dos fachadas del Arco del Triunfo

Campos Elíseos

Ahora sí, después de ver el Arco del Triunfo, es hora de patear la avenida más famosa de París: los Campos Elíseos. Se extienden a lo largo de casi dos kilómetros en línea recta hasta la Plaza de la Concordia y aquí podrás encontrar las tiendas más famosas de ropa. En la primera zona es donde están las grandes marcas internacionales y de lujo, y también encontrarás cafeterías históricas, restaurantes o los famosos macarons de Ladurée. Te animo a que los pruebes, aunque si en este momento no te apetece, no te preocupes, porque los encontrarás en muchos más sitios (hasta en el aeropuerto).

A medida que te acercas a la plaza de la Concordia, el ambiente cambia y la avenida se vuelve más verde y tranquila, con jardines a ambos lados, y precisamente a mano derecha puedes ver los siguientes puntos de interés. Pero antes, decirte también que en esta avenida siempre te puedes encontrar con algún evento, como la llegada del Tour de Francia o los mercadillos de Navidad.

Tiendas de lujo en los Campos Elíseos
Las tiendas de lujo y el tráfico conviven en los Campos Elíseos

Grand Palais y Petit Palais

Uno de esos puntos de interés que te mencionaba es el Grand Palais. Fue construido para la Exposición Universal de 1900 y destaca por su nave central cubierta por una enorme cúpula de vidrio y acero. Desde el exterior ya llama la atención por su fachada clásica y sus columnas monumentales, pero por dentro no es menos impactante.

Este lugar ha sido (y sigue siendo) escenario de grandes exposiciones de arte, ferias internacionales, desfiles de moda e incluso eventos deportivos. Su programación es cambiante, por lo que la visita depende mucho de lo que esté en cartel en ese momento.

De frente tienes el Petit Palais, que también fue construido para la Exposición Universal de 1900. En este caso sí es un museo permanente, y es que alberga el Museo de Bellas Artes de la ciudad de París. En su interior encontrarás una colección permanente muy variada que abarca desde la Antigüedad hasta principios del siglo XX. Hay pinturas, esculturas, objetos decorativos e incluso piezas arqueológicas. Entre los artistas representados destacan nombres como Delacroix, Courbet o Monet.

Fachada del Palacio
Fachada y entrada principal del Petit Palais

Puente Alexandre III

En lugar de volver a los Campos Elíseos, te invito a seguir la calle hacia el Sena, ya que llegarás al que probablemente es el puente más bonito de todo París. Fue inaugurado también para la Exposición Universal de 1900 y su construcción simbolizó la alianza franco-rusa, de ahí su nombre en honor al zar Alejandro III de Rusia.

Lo que más llama la atención es su decoración. Está adornado con farolas ornamentadas, querubines, ninfas y detalles dorados que brillan cuando les da el sol. En cada uno de sus extremos se alzan grandes columnas rematadas con esculturas doradas que representan la Fama. Además, desde allí tendrás unas bonitas vistas de la Torre Eiffel y los Inválidos.

Parte del puente
Parte del puente con el Grand Palais detrás

Plaza de la Concordia

Si quieres terminar de recorrer los Campos Elíseos, llegarás a la Plaza de la Concordia. Marca el fin de los Campos Elíseos y el comienzo de los Jardines de las Tullerías, y es un espacio conocido porque en el centro de la plaza se alza el Obelisco de Luxor, un monumento egipcio de más de 3.000 años de antigüedad que fue regalado a Francia en el siglo XIX. A su alrededor hay además dos grandes fuentes monumentales inspiradas en las de la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

Más allá de su belleza, la Plaza de la Concordia tiene una fuerte carga histórica. Durante la Revolución Francesa fue el escenario de numerosas ejecuciones públicas, entre ellas las de Luis XVI y María Antonieta. Por aquel entonces, se llamaba Plaza de la Revolución.

El Obelisco egipcio
El Obelisco de Luxor que decora la plaza

Centro de París

El centro de París no existe como tal como barrio, pero he decidido incluirlo así para englobar aquellos lugares que se pueden visitar en torno a los distritos I y II, que son los más centrales de la ciudad. Es una de las zonas más elegantes de la capital, donde se mezclan grandes monumentos, edificios históricos y rincones con encanto poco conocidos. En este apartado te cuento qué visitar en esta parte de la ciudad, una zona ideal para recorrer a pie porque hay muchas cosas por conocer.

Jardín de las Tullerías

Si acabaste la ruta de la anterior zona en la Plaza de la Concordia, desde aquí la continuación natural de tu visita es entrar al Jardín de las Tullerías. Este espacio nació como parte del antiguo Palacio de las Tullerías, que ya no existe. Su finalidad original era servir como jardín privado de la realeza francesa. Fue creado en el siglo XVI por orden de Catalina de Médici, quien mandó construir el palacio y quiso rodearlo de un jardín al estilo italiano, inspirado en los que conocía de su Florencia natal.

Más adelante, en el siglo XVII, el paisajista André Le Nôtre rediseñó el espacio siguiendo el estilo clásico francés de líneas rectas, avenidas arboladas, estanques y esculturas. Finalmente, tras la Revolución Francesa, el jardín dejó de ser de uso exclusivo para la monarquía y la nobleza y se abrió al público.

Además de su valor como jardín histórico, allí puedes visitar algunos espacios culturales como el Museo de la Orangerie, famoso por albergar los Nenúfares de Monet. Por último, seguramente te llamen la atención las sillas verdes metálicas repartidas por el parque, y es que es algo muy común en todos los parques de la ciudad. Si ves una libre, siéntate y disfruta del paisaje y el ir y venir de la gente.

Gente paseando por el jardín
El Jardín de las Tullerías siempre está muy concurrido

Museo del Louvre

Al final de las Tullerías llegarás al Louvre y, déjame decirte que, si te gusta mínimamente el arte, no dudes en dedicar una mañana a recorrer los pasillos del museo más famoso de París. En ellos te encontrarás con pinturas archinoconidas como La Gioconda de Da Vinci o La libertad guiando al pueblo de Delacroix, esculturas como la Venus de Milo o cientos de piezas arqueológicas traidas desde muchas otras partes del mundo.

El edificio donde se sitúa el Louvre fue en sus inicios un castillo, allá por el siglo XII, y fue la residencia real hasta la construcción de Versalles. De ahí que no solamente sea un museo, sino parte de la historia de Francia, y así lo atestiguan las salas dedicadas a mostrar cómo fue en su día la vida palaciega. Mi consejo es que lo visites a primera hora, pues a partir de las 12 de la mañana se pone imposible de gente.

Para más información, no te pierdas mi guía para visitar el Louvre de París

Viendo "La Gioconda" de da Vinci en el Louvre
La Gioconda es el gran reclamo del Louvre

Museo de Orsay

Si cruzas el Sena, podrás visitar otro museo igual de recomendable: el de Orsay. Allí podrás disfrutar de muchas de las obras de arte más famosas del siglo XIX y comienzos del XX y está ubicado en una antigua estación de tren inaugurada en 1900, lo que le da un encanto extra a la visita.

El museo es especialmente famoso por su colección de impresionismo y postimpresionismo, considerada una de las mejores del mundo. Aquí puedes ver obras de Monet, Renoir, Degas, Manet, Cézanne, Van Gogh o Gauguin, entre muchos otros. Y por si fuera poco, desde la planta superior, junto al gran reloj, también tienes vistas muy bonitas.

Te cuento más en mi post sobre qué ver en el Museo de Orsay

Bailarina de Degas
Una bailarina de Degas en el Museo de Orsay

Place Vendôme

En el entorno de las Tullerías y el Louvre puedes visitar la Place Vendôme, una de las plazas más elegantes de París y sinónimo de lujo. Aquí se concentran algunas de las firmas de alta joyería y relojería más exclusivas del mundo, además del famoso Hôtel Ritz. De planta octogonal y perfectamente simétrica, fue diseñada a finales del siglo XVII como símbolo del poder y la grandeza de la monarquía francesa.

En el centro de la plaza se alza la Columna Vendôme, inspirada en la columna de Trajano en Roma. Fue mandada erigir por Napoleón Bonaparte para conmemorar la victoria en la batalla de Austerlitz, y está decorada con relieves en espiral que narran la campaña militar. En lo alto hay encuentra una estatua de Napoleón.

La columna en el centro de la plaza
La columna Vendôme, en el centro de la plaza homónima

Iglesia de la Madeleine

También en la zona está la Iglesia de la Madeleine, que a primera vista no parece una iglesia, sino un templo clásico inspirado en la arquitectura grecorromana. Su fachada está rodeada por 52 columnas corintias que le dan un aspecto monumental y la diferencian claramente de otras iglesias parisinas.

Su construcción comenzó en el siglo XVIII, pero el proyecto sufrió múltiples cambios debido a la Revolución Francesa y a las transformaciones políticas del país. En un momento llegó a plantearse como templo dedicado a la gloria del ejército napoleónico, antes de convertirse finalmente en iglesia católica. En el interior tiene una única nave y una gran cúpula decorada con frescos, y el altar mayor está presidido por una escultura que representa la Asunción de María.

Exterior de la Madeleine
Por fuera, la iglesia parece un templo antiguo

Ópera Garnier

Siguiendo la avenida a la derecha de la Madeleine llegarás a la famosa Ópera Garnier. Fue inaugurada en 1875 y diseñada por el arquitecto Charles Garnier (de ahí su nombre), siendo una de las grandes obras del estilo Segundo Imperio. Destaca por su fachada, decorada con columnas, esculturas y detalles dorados, pero al entrar también impresiona.

La monumental escalinata de mármol es uno de los espacios más fotografiados del edificio, pero el auditorio no se queda atrás, con su gran lámpara central y el techo pintado por Marc Chagall en el siglo XX. Más allá de asistir a una ópera o ballet, la visita al edificio en sí ya merece la pena. Se puede recorrer por libre o con visita guiada para descubrir su historia, su arquitectura y las anécdotas que lo rodean, incluida la leyenda que inspiró la novela El fantasma de la Ópera (puedes comprar el libro en Amazon para ir adentrándote en la historia).

Fachada de la Ópera
La preciosa fachada del edificio de la ópera

Galerías Lafayette

Detrás de la Ópera hay otro lugar muy conocido. Las Galerías Lafayette son uno de los grandes centros comerciales de París desde que se inaugurasen a finales del siglo XIX. Su edificio principal, en el Boulevard Haussmann, es especialmente famoso por su impresionante cúpula de vidrio de estilo art nouveau. Aunque es un paraíso si te gusta ir de compras, incluso si no tienes intención de comprar nada merece la pena entrar para ver lo bonito que es. Además en la azotea hay una terraza desde la que tienes vistas de la zona.

Interior de Galerías Lafayette
Así se ve el espacio central de Galerías Lafayette

Biblioteca Nacional de Francia

Ahora te propongo ir hasta la Rue Vivienne para visitar una joya menos conocida de París. Se trata de la Biblioteca Nacional de Francia que, aunque cuenta con varias sedes, la más interesante es la que se encuentra aquí, la histórica sede Richelieu.

Uno de sus espacios más impresionantes es la Sala Oval, un precioso salón de lectura de planta elíptica, con gran altura y estanterías de madera que recorren las paredes. Lo mejor es que está abierta al público general de forma gratuita. ¡No dejes de entrar a echar un vistazo!

Interior de la Sala Oval
La preciosa Sala Oval de la Biblioteca

Galerías comerciales

Al salir de la Biblioteca, cruza la calle y piérdete por las galerías cubiertas de esta zona de la ciudad. Fueron construidas en su mayoría en el siglo XIX como espacios donde la burguesía podía pasear y comprar protegida de la lluvia y el barro.

La Galerie Vivienne es probablemente la más famosa y también una de las más bonitas. Destaca por su suelo de mosaicos geométricos, su luz natural filtrada a través de la cubierta de vidrio y sus tiendecitas, donde encontrarás librerías, boutiques y pequeños comercios con mucho encanto. Muy cerca se encuentra la Galerie Colbert, con una gran rotonda central coronada por una cúpula de cristal.

Pasillo de la galeria Colbert
Un pasillo de la Galería Colbert

Palacio Real de París

Al salir de la Galería Colbert por la Rue des Petits Champs verás un pasadizo en el edificio de enfrente (Passage des 2 pavillons). Tómalo y crúzalo al completo, porque al final tendrás una bonita sorpresa: los jardines del Palacio Real. Es un espacio tranquilo donde hacer una pausa, quizá en una de las sillas verdes que también hay aquí en torno a su fuente central, o hacerte fotos con las columnas en blanco y negro de Daniel Buren.

Al fondo tienes el edificio principal del Palacio, que fue construido en el siglo XVII como residencia del cardenal Richelieu y más tarde pasó a formar parte del patrimonio real. Durante un tiempo incluso fue residencia de la familia real francesa antes de que se trasladaran definitivamente a Versalles. Hoy el edificio alberga instituciones oficiales como el Consejo de Estado y el Consejo Constitucional, por lo que no se puede visitar por dentro como un palacio-museo.

Yo frente al Palacio Real
Haciéndome fotos en las columnas blancas y negras

Bolsa de Comercio de París

Junto al Palacio Real hay un edificio no muy conocido, pero que sorprende muchísimo. Se trata de la Bolsa de Comercio, que originalmente fue una lonja de comercio de grano del siglo XVIII. Recientemente fue transformado en museo por el coleccionista François Pinault y el resultado combina la estructura histórica con intervenciones artísticas modernas.

En el interior destaca su rotonda central coronada por una gran cúpula decorada con frescos del siglo XIX que representan el comercio mundial. Además, hay varios espacios expositivos distribuidos en distintos niveles que aprovechan la estructura circular del edificio. Si no quieres entrar, te invito a que rodees el edificio, ya que detrás hay un parque muy agradable que da a Les Halles y puedes visitar también la iglesia de San Eustaquio, construida entre los siglos XVI y XVII y con proporciones casi catedralicias.

Exterior del edificio
Fachada del edificio redondo de la antigua Bolsa de Comercio

Rue Montorgueil

Cerca de allí hay una zona que me sorpendió mucho, y es la de la calle Montorgueil. Es una calle peatonal y con un montón de bares y restaurantes, por lo que siempre está animada. Allí puedes tomarte algo o sentarte a cenar, y si te apetece un dulce, uno de sus establecimientos más conocidos es Stohrer, considerada una de las pastelerías más antiguas de París.

Al final de la calle hay también un rincón curioso: un mural de Tintin. Pero no es un mural cualquiera, sino que representa a Tintín y al Capitán Haddock dándose un beso, algo que no ocurre en los cómics originales.

La calle por la tarde abarrotada
La calle Montorgueil, abarrotada una tarde soleada

Torre de Juan sin Miedo

También en la zona de la calle Montorgueil puedes visitar la Torre de Juan sin Miedo. Fue construida a comienzos del siglo XV y formaba parte del antiguo palacio de los duques de Borgoña. Su nombre se debe a que fue mandada levantar por Juan I de Borgoña, conocido como «Juan sin Miedo», y hoy funciona como un pequeño museo dedicado a la vida cotidiana en la Edad Media.

Desde el exterior puede pasar algo desapercibida entre edificios más modernos, pero en su interior esconde una escalera de caracol decorada con una bóveda esculpida en forma de ramas entrelazadas, considerada una obra maestra del gótico civil. Un rincón poco conocido en pleno centro parisino.

Exterior de la torre
La torre medieval, casi escondida entre los edificios y los árboles

Les Halles

Más conocido y concurrido es Les Halles. Durante siglos fue el gran mercado central de la ciudad, donde llegaban productos frescos de toda Francia. A finales del siglo XX el antiguo mercado fue demolido y el área se reconvirtió por completo, dando lugar al actual complejo comercial y de transporte.

Hoy Les Halles es un importante nudo de comunicaciones, ya que aquí se encuentra la estación Châtelet–Les Halles, donde confluyen varias líneas de metro y RER. Además, sobre la estación se levanta el centro comercial Forum des Halles y la estructura ondulada conocida como La Canopée.

Centro comercial de Les Halles
La Canopée cubriendo el centro comercial de Les Halles

Le Marais y La Bastilla

Tras recorrer el centro, te propongo ahora adentrarte en la zona de Le Marais y la Bastilla. Aquí verás palacios renacentistas, plazas escondidas y calles estrechas llenas de tiendas independientes, galerías y cafés con encanto. Es un barrio perfecto para pasear sin rumbo e ir sorprendiéndote de lo que te vas encontrando, y es que hay muchas cosas curiosas que no son nada conocidas.

Centro Pompidou

Como la ruta del centro acabó en Les Halles, te propongo comenzar la visita a esta zona en el Centro Pompidou. Su diseño rompió por completo con la arquitectura clásica del entorno al mostrar toda su estructura en el exterior: las tuberías, los conductos y las escaleras mecánicas están a la vista y pintados en distintos colores según su función. Este estilo industrial y vanguardista generó polémica en su momento, pero con el tiempo se ha convertido en uno de los iconos del París contemporáneo.

En su interior se encuentra el Museo Nacional de Arte Moderno, con una de las colecciones más importantes de Europa dedicadas al arte de los siglos XX y XXI. El recorrido permite explorar movimientos como el cubismo, el surrealismo, el fauvismo o el arte abstracto, con obras de artistas fundamentales como Picasso, Kandinsky, Matisse o Duchamp.

Además del museo, el Centro Pompidou es un gran espacio cultural que incluye una biblioteca pública, salas de exposiciones temporales, cine y programación de artes escénicas. Si no me equivoco, hasta el año 2030 va a estar cerrado por obras de acondicionamiento, pero aún así puedes verlo por fuera porque es un edificio único.

Exterior del museo
El curioso exterior del Pompidou que deja ver el interior

Torre Saint-Jacques

Cerca puedes contemplar la Torre Saint-Jacques, uno de los vestigios medievales más visibles del centro de París. Lo que hoy vemos es el campanario gótico de una antigua iglesia del siglo XVI que fue destruida durante la Revolución Francesa. Es fácilmente reconocible porque está ubicada en medio de un pequeño jardín y tiene 52 metros de altura.

Está decorada con figuras talladas en piedra, incluyendo santos, animales fantásticos y detalles ornamentales propios del gótico flamígero. Además, en la base hay una estatua de Blaise Pascal, ya que, según la tradición, realizó experimentos científicos relacionados con la presión atmosférica en este lugar.

La torre rodeada del parque
La torre, rodeada de un pequeño jardín

Ayuntamiento de París

A pocos pasos llegarás al Ayuntamiento de París (Hôtel de Ville), que data del siglo XIX, ya que el anterior edificio se destruyó durante la Comuna de París. Lo que más destaca es la fachada, que está decorada con decenas de estatuas que representan a personajes ilustres de la historia de Francia. Aunque no siempre se puede acceder libremente al interior, en determinadas ocasiones se organizan visitas o jornadas de puertas abiertas que permiten ver sus salones oficiales.

Fachada del ayuntamiento
El ayuntamiento, engalanado antes de los Juegos Olímpicos

Rue des Barres

Aunque el Ayuntamiento esté al lado del Sena y te llame la atención cruzarlo, te invito a que antes descubras el barrio que hay detrás. Allí está por ejemplo la Rue des Barres, una de las pocas calles con aires medievales que perviven en París. Es pequeñita, pero conserva un trazado estrecho y edificios con entramado de vigas de madera que ya no se ven en otros lugares de la capital francesa. En esta calle también está la iglesia de Saint-Gervais-Saint-Protais.

Una casa medieval en la calle
Una de las casas medievales de la rue des Barres

Village Saint-Paul

Y de un lugar poco conocido, a otro. Village Saint-Paul es un conjunto de patios interiores conectados entre sí por pequeños pasajes. Antiguamente esta zona formaba parte del dominio real en la Edad Media, y hoy se ha transformado en un espacio lleno de tiendas de antigüedades, galerías de arte, talleres y pequeñas boutiques con mucho encanto.

En esta zona también se pueden ver algunos restos de la antigua muralla medieval de París, concretamente en las canchas deportivas del colegio que hay al lado. La muralla fue construida en tiempos de Felipe Augusto en el siglo XII y son de los pocos restos que quedan en pie de esa parte de la historia de la ciudad.

Tramo de la muralla
Un tramo de la muralla de París, en un colegio del barrio Saint-Paul

Hôtel de Sully

Callejeando un poco llegarás a la rue Saint-Antoine. Allí, busca una puerta donde dice Hôtel de Sully y entra. Éste es uno de los palacetes más elegantes del barrio del Marais y un magnífico ejemplo de la arquitectura aristocrática del siglo XVII. Fue construido entre 1625 y 1630 y debe su nombre a Maximilien de Béthune, duque de Sully y ministro de Enrique IV, que lo adquirió poco después.

Actualmente el Hôtel de Sully alberga el Centro de Monumentos Nacionales y no se puede visitar por dentro, pero su patio y su jardín suelen estar abiertos al público. Por eso, desde el patio te recomiendo entrar al jardín trasero, pasear y salir por las escaleras que hay al fondo a la derecha. Voilà ! Habrás llegado al siguiente punto de la ruta.

Patio del hotel de Sully
El patio trasero del palacete. Nada mal, ¿no?

Plaza de los Vosgos

Al cruzar el pasadizo habrás llegado a la Plaza de los Vosgos, una de las plazas más bonitas y antiguas de París. Fue construida a comienzos del siglo XVII bajo el reinado de Enrique IV, concebida como un espacio residencial elegante para la nobleza. Su diseño es perfectamente simétrico, con fachadas de ladrillo rojo y piedra blanca, tejados inclinados y soportales en la planta baja.

En el centro de la plaza hay un jardín con césped, árboles y bancos donde puedes sentarte a tomar un respiro. Si lo prefieres, puedes pasear por los soportales, donde hay muchas galerías de arte, o visitar la casa de Victor Hugo, en uno de los rincones de la plaza. El escritor vivió aquí entre 1832 y 1848, escribió parte de su obra y recibió a numerosas figuras del mundo cultural y político de la época.

Estampa del parque una tarde otoñal
Gente disfrutando del parque durante una tarde de otoño

Plaza de la Bastilla

Ahora vamos hasta uno de los escenarios más conocidos de la Revolución Francesa: la Plaza de la Bastilla. Aquí se encontraba la antigua fortaleza-prisión de la Bastilla, cuya toma el 14 de julio de 1789 marcó el inicio de la Revolución Francesa. La prisión ya no está, ya que fue demolida poco tiempo después.

En el centro se alza la Columna de Julio, coronada por la figura dorada del Genio de la Libertad. Esta columna no conmemora la Revolución de 1789, sino la Revolución de 1830, y bajo la misma se encuentra además una cripta con los restos de los revolucionarios de 1830 y 1848.

En la plaza encontrarás cafeterías, restaurantes y tiendas, además de eventos de vez en cuando que hacen que se peatonalice. Aquí también se encuentra la Ópera de la Bastilla, un edificio contemporáneo que contrasta con el resto de edificios.

Columna de la Bastilla
La columna que adorna la plaza de la Bastilla

Canal Saint-Martin

Bajo la Bastilla discurren las aguas del Canal de San Martín, que atraviesa la ciudad de norte a sur hasta llegar al Sena. Fue construido en el siglo XIX para abastecer de agua a la ciudad y, junto a la plaza, el último tramo está descubierto y es posible pasear por sus orillas. A lo largo del canal verás muchos barcos amarrados, pero muchos no son embarcaciones turísticas, sino casas flotantes. Se llaman péniches y son antiguas barcazas reconvertidas en casas.

Barcos-casa en el canal
Paseando por el canal verás los barcos-casa

Rue Crémieux

Un último lugar que visitar en esa zona de la ciudad está entre el Canal Saint-Martin y la estación Gare de Lyon. Se llama rue Crémieux y es una de las calles más pintorescas de París. Es peatonal y es conocida por sus casitas bajas de fachadas de colores pastel. En la época de Instagram, es un lugar bonito para hacer fotos, pero recuerda que ahí vive gente y hay que respetar su privacidad y su descanso.

Yo caminando por la Rue Cremieux
La rue Crémieux es una colorida calle de París no tan conocida

Islas de la Cité y Saint-Louis

Otro lugar que visitar en París son las islas que hay en el Sena: Saint-Louis y la Cité. La Isla de la Cité es el lugar donde nació la ciudad y concentra algunos de sus monumentos más emblemáticos. Mientras, la isla de Saint-Louis es la hermana pequeña, mucho más tranquila.

La Conciergerie

Para comenzar a visitar la isla de la Cité, puedes hacerlo en la Conciergerie. Originalmente formaba parte del antiguo Palacio Real medieval, residencia de los reyes de Francia antes de trasladarse al Louvre y posteriormente a Versalles. Con el paso del tiempo, el complejo perdió su función palaciega y se convirtió en prisión.

Su etapa más conocida está ligada a la Revolución Francesa, cuando fue utilizada como cárcel durante el periodo del Terror. Aquí estuvieron encarcelados numerosos prisioneros antes de ser juzgados y ejecutados, entre ellos María Antonieta.

Por fuera, en una de las torres que dan al Sena, puedes ver el precioso Reloj de la Conciergerie, considerado el primer reloj público de París. Fue instalado en 1371 por orden del rey Carlos V y permitía a los parisinos conocer la hora en una época en la que no era algo habitual. Además, también puedes visitar el interior, ya que funciona como museo.

Vista del Reloj del Palacio de la Cité
El reloj de la Conciergerie, en la esquina que da al Sena

Sainte-Chapelle

Al lado de la Conciergerie está la Sainte-Chapelle, uno de los espacios más espectaculares de la ciudad. Fue construida en el siglo XIII por orden del rey Luis IX (más tarde San Luis) para albergar reliquias religiosas, entre ellas la supuesta Corona de Espinas de Cristo. Desde el exterior puede parecer relativamente discreta, pero su interior deja sin palabras. ¡Te recomiendo 100% que entres a verla!

La capilla está dividida en dos niveles: la capilla inferior, más sobria y pensada para el personal del palacio real, y la capilla superior, destinada al rey y a las reliquias. Esta última es la que realmente impresiona por su altura y sus vidrieras, que cubren casi por completo las paredes. Son 15 enormes ventanales de unos 15 metros de altura y representan más de mil escenas bíblicas. Cuando el sol atraviesa el cristal, todo se llena de colores en tonos azules, rojos y dorados. Por ello, es importante intentar visitarla en un día soleado para apreciar el efecto de la luz.

Interior de la Sainte Chapelle de París iluminada con la luz que entra a través de las coloridas vidrieras
El mágico interior de la Sainte Chapelle de París

Catedral de Notre Dame

Y desde un espacio religioso, a otro: la Catedral de Notre Dame, uno de los mayores reclamos turísticos de París. Fue construida entre los siglos XII y XIV y su fachada, con sus dos torres cuadradas, el gran rosetón central y las tres portadas esculpidas, es una de las imágenes más icónicas de la capital francesa.

En el interior destacan sus rosetones del siglo XIII, que conservan gran parte de sus vidrieras originales y miden más de 12 metros de diámetro. También llama la atención la altura de la nave central, que alcanza unos 33 metros, y su gran órgano, uno de los más grandes de Francia, con cerca de 8.000 tubos. Bajo la catedral también hay una cripta arqueológica con restos de la antigua Lutecia romana y del París medieval.

Algo muy conocido de Notre Dame son también sus torres, a las que se puede subir para contemplar las vistas y a las famosas gárgolas. Desde el incendio de la Catedral en 2019 todo el conjunto estuvo cerrado, pero ya ha reabierto al público y es posible visitarla en toda su totalidad.

Te cuento cómo visitar la Catedral de Notre Dame en otro artículo

Fachada de la Catedral de Notre Dame durante los trabajos de reconstrucción
Fachada de la Catedral de Notre Dame, que estuvo cerrada al público durante las obras tras el incendio

Île Saint-Louis

Por detrás de Notre Dame puedes cruzar a la otra isla por el puente Saint-Louis. Esta isla no tiene grandes monumentos, pero sí unos edificios muy armoniosos y tranquilas calles llenas de pequeñas tiendas, galerías de arte y cafeterías, así como la famosa heladería Berthillon. Pasear por allí es agradable, ya que no hay tantos turistas como en otras zonas de la capital.

Gente paseando por una calle de la isla
La calle principal de la isla

Barrio Latino de París

El Barrio Latino es una de las zonas con más historia y ambiente de París. Situado en la orilla izquierda del Sena, es conocido por su tradición universitaria, sus calles estrechas llenas de terraceo y su espíritu joven y cultural que contrasta con la monumentalidad de otras zonas de la ciudad.

Iglesia de San Severino

Una de las zonas más animadas del Barrio latino es la que rodea a la Iglesia de Saint-Séverin. Está situada en una pequeña plaza y tanto allí como en las calles colidantes, como la famosa Rue de la Huchette, encontrarás muchos restaurantes y terrazas, siempre hasta arriba de gente.

Fue construida entre los siglos XIII y XV y es un magnífico ejemplo del gótico flamígero. En su interior destacan especialmente las vidrieras y la cabecera, donde las columnas se retuercen formando una especie de palmera de piedra.

Fachada de la iglesia
Fachada de la iglesia en pleno barrio Latino

Jardín de Luxemburgo

Otro sitio muy destacado del barrio es el Jardín de Luxemburgo, creado en el siglo XVII por orden de María de Médici alrededor de su Palacio (hoy, el Senado de Francia). Es uno de los grandes espacios verdes de la ciudad y en la parte central verás un gran estanque octogonal, donde es típico ver a niños empujando pequeños veleros de madera con palos.

Cómo no, aquí también encontrarás las famosas sillas verdes metálicas, así que no dudes en sentarte a descansar y observar el entorno durante un rato. Después, no dejes de darte un paseo por el parque y ver sus esculturas o la Fuente de Médici, uno de los monumentos más bonitos.

Jardines con el palacio de fondo
Gente disfrutando de la tranquilidad del Jardín de Luxemburgo

Panteón de París

A pocos pasos del Jardín de Luxemburgo podrás visitar el Panteón de París. El edificio fue construido en el siglo XVIII por orden de Luis XV como iglesia dedicada a Santa Genoveva, patrona de la ciudad, pero tras la Revolución Francesa cambió su función para convertirse en un mausoleo de las grandes figuras de la nación.

Lo reconocerás por su monumentalidad y su arquitectura neoclásica, con una gran cúpula inspirada en la de San Pedro del Vaticano y una fachada con columnas corintias que recuerdan a un templo griego. Al entrar, podrás bajar a la cripta, donde descansan los restos de personalidades como Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola o Marie Curie, entre otros. Además, si accedes a la cúpula (cuando está abierta al público), podrás disfrutar de una de las vistas panorámicas más bonitas de París.

Fachada del Panteón
Exterior del Panteón de París

Iglesia de Saint-Étienne-du-Mont

Al lado del Panteón, no puedes dejar de visitar la pequeña iglesia de Saint-Étienne-du-Mont. ¡Es una preciosidad! Su fachada y su torre campanario llaman la atención, pero lo realmente bonito está en el interior.

Lo más llamativo es el jubé, una tribuna de piedra decorada que atraviesa la nave de un lado a otro y con dos escaleras simétricas. Es uno de los pocos ejemplos que se conservan en París, ya que la mayoría fueron eliminados tras el Concilio de Trento. Allí también se encuentra el relicario de Santa Genoveva, patrona de París.

Interior de la iglesia
El bonito interior de esta pequeña iglesia

Arenas de Lutecia

Y para completar la ruta por el barrio, un sitio poco conocido en general por los turistas. Se trata de las Arenas de Lutecia, uno de los pocos restos romanos que se pueden ver en París. Fueron construidas en el siglo I d.C., cuando París se llamaba Lutecia, y funcionaban como anfiteatro, acogiendo a miles de espectadores para presenciar combates de gladiadores y otros espectáculos públicos.

Hoy se conservan parcialmente las gradas y la estructura ovalada original, integradas en un pequeño parque rodeado de edificios. Para entrar, en la calle Monge, busca un portal de piedra que dice Arenes de Lvtece. Si está abierto, podrás entrar libremente. También hay accesos al parque desde la rue des Arenes y la rue de Navarre.

Yo en las arenas
Disfrutando de este rincón romano en París

Barrio de Montmartre

Si te gustó la película Amélie te encantará pasear por el barrio de Montmartre. Coronado por la basílica del Sacré Coeur, este lugar fue antaño el hogar de numerosos artistas (Van Gogh, Picasso…), que retrataron sus calles y dejaron en él una impronta bohemia. Hoy, sigue siendo una de las zonas más auténticas de París, aunque sea de las más visitadas de la capital.

Montmartre se sitúa en una colina, así que para visitarlo tendrás que subir. Puedes hacerlo a pie, pero es bastante cansado, así que también tienes la opción de tomar un tren turístico o el funicular que sube hasta la basílica.

Te invito a leer mi post con todo lo que ver en Montmartre

Basílica del Sacré Cœur

El monumento más importante de Montmartre es la Basílica del Sacré-Cœur, en lo alto de la colina. Fácilmente reconocible por su silueta blanca, se ve desde muchos rincones de París y, por supuesto, desde allí podrás ver gran parte de la ciudad.

Fue construida a finales del siglo XIX en estilo romano-bizantino y es muy diferente a otras iglesias de París. En primer lugar, por su color blanco, y en segundo, por sus cúpulas redondeadas. En el interior, destaca el gran mosaico en el ábside que representa a Cristo con los brazos abiertos, uno de los más grandes del mundo. Eso sí, si quieres verla por dentro, ármate de paciencia, porque siempre hay colas eternas.

Fachada del Sacre Coeur vista desde los jardines de la colina
El Sagrado Corazón en lo alto de Montmartre

Place du Tertre

Otro lugar muy famoso de Montmartre es la Place du Tertre, conocida como la plaza de los artistas. Allí encontrarás a un montón de pintores y caricaturistas que trabajan al aire libre, vendiendo retratos y acuarelas a los visitantes. Alrededor tienes un montón de restaurantes y cafeterías con sus terrazas, aunque no te recomiendo comer aquí porque es demasiado turístico.

Gente paseando y admirando las obras de los artistas en la Place du Tertre
La plaza de los artistas está siempre muy concurrida

Muro de los Te Quiero

Bajando desde lo alto de la colina, en la plaza Abesses, puedes parar a hacerte una foto con el mural más famoso de París. Le Mur des Je t’aime está formado por más de 600 azulejos de color azul en los que se puede leer «te quiero» escrito en más de 250 idiomas diferentes. La idea fue creada por Frédéric Baron y la artista Claire Kito a comienzos de los años 2000, con el objetivo de transmitir un mensaje universal de amor y unión. Los fragmentos rojos dispersos por el mural simbolizan las piezas de un corazón que, juntas, forman uno completo.

Yo posando frente al muro de los "te quiero"
Te reto a encontrar el Je t’aime en español

Cementerio de Montmartre

París es también famosa por sus cementerios, y uno de ellos está en Montmartre. Aquí descansan numerosas personalidades del mundo del arte, la literatura y la música, como Edgar Degas, Alexandre Dumas (hijo) o la cantante Dalida, cuya tumba es una de las más visitadas. En la entrada tienes una especie de plano donde puedes ver dónde están las tumbas de los personajes más famosos, para no perderte.

Tumba de la cantante Dalida
La tumba de la cantante Dalida en el cementerio de Montmartre

Moulin Rouge

Muy cerca del cementerio hay otro lugar imperdible: Le Moulin Rouge. Es uno de los cabarets más famosos del mundo y fue fundado en 1889, en pleno auge de Montmartre como epicentro artístico y nocturno. Se hizo célebre por sus espectáculos de cancán y por atraer a artistas como Toulouse-Lautrec, que inmortalizó el ambiente del local en sus carteles y pinturas.

Su fachada con el característico molino rojo iluminado es uno de los iconos más reconocibles del barrio de Pigalle. Aunque la zona tuvo durante décadas fama de ser más provocadora y alternativa, hoy el Moulin Rouge es sobre todo un teatro de revista con espectáculos coreografiados, vestuarios llamativos y una puesta en escena muy cuidada. Puedes asistir a los shows cuando cae la noche, algunos con cena, pero para ello te recomiendo primero reservar con antelación porque las entradas se agotan.

Fachada del Moulin Rouge
El Moulin Rouge es uno de los lugares más icónicos de París

Otros lugares de París

Fuera de las zonas y barrios que te he mencionado hasta ahora, hay también otros lugares interesantes que visitar. En este caso son lugares más aislados y que hay que ir a visitarlos a posta, de ahí que no sigan una ruta como los demás.

Cementerio del Père-Lachaise

Uno de estos lugares es el Cementerio del Père-Lachaise, el más famoso de París y uno de los más visitados del mundo. Fue inaugurado en 1804 y concebido como un gran cementerio ajardinado a las afueras de la ciudad (aunque hoy está rodeado por la ciudad).

Aquí descansan numerosas figuras célebres de la cultura y la historia, como Jim Morrison, Oscar Wilde, Édith Piaf o Frédéric Chopin, entre muchos otros. Algunas tumbas se han convertido en auténticos lugares de peregrinación para admiradores y curiosos y las reconocerás porque siempre tienen flores. De igual modo que en Montmartre, conviene consultar la ubicación de las tumbas en la entrada, ya que el recinto es enorme y puede resultar fácil desorientarse.

Flores adornando la tumba
La tumba de Edith Piaf y su familia

Castillo de Vincennes

El Castillo de Vincennes es uno de los castillos medievales mejor conservados de la región parisina y una visita muy interesante si quieres salir del centro sin alejarte demasiado. Puedes llegar fácilmente en metro y la parada es Château de Vincennes (no tiene pérdida).

Fue residencia real entre los siglos XIV y XVII y a lo largo de los siglos cambió su función a prisión e incluso cuartel militar. Una curiosidad es que aquí fue ejecutada la famosa espía Mata Hari. Al visitarlo podrás recorrer sus patios, entrar al gran torreón o acceder a la Sainte-Chapelle de Vincennes, una capilla de estilo gótico inspirada en la Sainte-Chapelle de la Île de la Cité, aunque menos conocida.

Detrás del castillo puedes pasear por el Bosque de Vincennes, el gran pulmón verde del este de París. Antiguamente fue coto de caza real y hoy es un espacio público con muchos rincones preciosos perfectos para dar un paseo en plena naturaleza y olvidar el ajetreo del tráfico y los turistas en el centro de la ciudad. Algunos de sus puntos más bonitos son el lago Daumesnil, donde se pueden alquilar pequeñas barcas en temporada, y el Parque Floral de París.

Tienes más información en el post sobre cómo visitar el Castillo de Vincennes

Panorámica de la torre del homenaje y el foso que la rodea
El gran torreón del castillo de Vincennes rodeado por su foso

Versalles

Aunque lo haya dejado para lo último, no significa que sea menos importante. De hecho, el Palacio de Versalles es una de las excursiones más populares desde París y una visita imprescindible si quieres entender el esplendor de la monarquía francesa. Está situado a unos 20 kilómetros de la capital y fue la residencia oficial de los reyes desde Luis XIV hasta la Revolución Francesa.

Si por fuera es bonito, el interior del palacio es simplemente espectacular, con salones decorados, techos pintados, lámparas de cristal y un mobiliario muy lujoso. El espacio más famoso es la Galería de los Espejos, una sala larga que se abre hacia los jardines y que fue escenario de importantes acontecimientos históricos, como la firma del Tratado de Versalles en 1919.

Pero Versalles no es solo el palacio. Los jardines, diseñados por André Le Nôtre, son casi tan impresionantes como el edificio principal. Con fuentes, estanques, esculturas y avenidas perfectamente alineadas, puedes pasear durante horas. Dentro del jardín también se encuentran el Gran Trianón y el Pequeño Trianón, además del pintoresco Dominio de María Antonieta.

Visitar Versalles requiere dedicarle al menos medio día, aunque lo ideal es reservar una jornada completa para disfrutarlo con calma. Mi recomendación es sacar los tickets con antelación y si puedes, lo más temprano posible por la mañana porque, cuanto más tarde vayas, más gente habrá.

Si necesitas más detalles, en otro post te cuento qué ver en el Palacio de Versalles

Gente visitando Versalles
Hora punta en la Galería de los Espejos de Versalles

¿Qué te han parecido estas 50 cosas que hacer en París? ¿Las conocías todas? ¡Estoy segura de que alguna te ha sorprendido! Más allá de seguir esta ruta que te propongo, te animo a caminar sin rumbo e ir descubriendo otras cosas. París es una ciudad enorme y hay muchos rinconces preciosos que seguro te van a cautivar. ¡Disfruta del viaje!

Este post pertenece a las guías para viajar sola a Francia y viajar sola a París

Estela Gómez

Viajera y fundadora de Quiero Viajar Sola. Desde que comencé a viajar sola en 2016 siempre tuve una inquietud: motivar a otras mujeres a viajar solas. Para ello, decidí crear este blog en 2018, en el que te cuento todos los viajes que he realizado en solitario en estos 10 años como viajera independiente y te doy consejos para que puedas organizar tu viaje por libre y disfrutar recorriendo el mundo en solitario.

Estela Gómez, blogger de viajes para mujeres

Por qué puedes confiar en Quiero Viajar Sola

En estos 10 años viajando sola por todo el mundo he recorrido muchos países y destinos de los que puedo darte consejos en base a mi experiencia. Puedo recomendarte lugares para visitar, dormir, cómo moverte, etc., y eso es lo que encontrarás en cada artículo de este blog de viajes. Complemento la información con mis redes sociales, sobre todo Instagram, donde puedes ver casi en tiempo real los lugares por los que viajo sola cada vez que estoy en una nueva aventura.

Además, este blog ha sido galardonado en varias ocasiones (entre los premios recibidos están el Premio a la Mejor Marca Personal en Viajes y Turismo en los Premios Día de Internet en 2024 y el Premio 20Blogs al Mejor Blog de Viajes en 2021) y he aparecido en numerosos medios de comunicación, tanto en España como en Latinoamérica (El País, La Sexta Noticias, ELLE Argentina, El Sol de México, Radio Marca…).

Código ético

Verás que en los posts del blog recomiendo hoteles, actividades, transportes y otros servicios y productos relacionados con viajar. Si haces clic en ellos, la web te redirigirá al sitio de cada empresa indicando que vas de mi parte y, en caso de que hagas una reserva o compra, yo me llevaré una pequeña comisión. Esto no afecta para nada al precio (es más, en algunos casos tendrás un descuento por leer mi blog), pero es importante para mi porque es la forma en la que tengo de mantener este blog y toda la comunidad en torno a Quiero Viajar Sola. Son productos y servicios que yo misma utilizo en todos mis viajes, así que te los recomiendo porque los he probado, son de confianza y creo que pueden serte de utilidad a la hora de planificar tus viajes en solitario.

Deja un comentario