En el post anterior pudiste leer mi relato con mis aventuras por el centro del país y ahora voy a contarte cómo fueron mis vacaciones de invierno en el norte de Argentina, la segunda parte de mi viaje sola. 

La idea de este viaje, al comienzo, era dividir diez días entre Jujuy y Salta, pero tuve que adelantar mi viaje a Buenos Aires al que iba por cuestiones familiares. El caso es que terminé pasando tres días en Jujuy y uno en Salta.

Jujuy

Lo que hice en Jujuy fue hospedarme con Couchsurfing en San Salvador de Jujuy, la capital. En la casa que me hospedaban estaban recibiendo también a una chica de España que se volvió mi compañera de viaje por la zona.

San Salvador de Jujuy

El primer día lo dedicamos a pasear por el centro y caminamos hasta el Jardín Botánico de la ciudad. La entrada cuesta $30 y es un pequeño cerro con un circuito marcado en el que te enseñan los árboles autóctonos de la zona. También está lleno de aves muy llamativas y hay un par de pequeños Bambis que cuidan.

En la casa que nos hospedaban, uno de los chicos cocinó dos comidas típicas para nosotras: primero nos hizo papines andinos (diferentes tipos de papa de la zona, de todos los colores) con crema y queso y luego quesillo (queso fino) con miel de maple. Recomiendo probar ambos.

El segundo día conseguimos un auto prestado y nos fuimos los cuatro para el norte de la provincia. Si no tienen auto, recomiendo buscar gente para alquilar uno, para poder recorrer a su ritmo. De igual manera también puede llegarse a dedo tranquilamente; son rutas muy concurridas y llenas de turistas que hacen el mismo recorrido.

Lo ideal sería quizás dos días para recorrer los pueblos del norte, pero sabíamos que teníamos el auto solo un día y según lo que nos recomendaron los chicos locales hicimos lo siguiente. 

Salinas Grandes y Purmamarca

Fuimos primero hasta las Salinas Grandes, una locura. Podés llegar hasta la primera parte donde hay mesas de sal, distintos puestos para comer y un poco de las salinas, pero ya para meterte más adentro te piden que contrates guía y que tengas un espacio para él cada tres autos. El guía nos salió $300 cada auto y nos llevó adentro de las salinas para ver los piletones de sal y las pequeñas lagunas. Nos contó también sobre la conformación del salar a partir de la erupción de un volcán y cómo se preserva su cuidado y se extrae la sal. 

Vacaciones de invierno en el norte de Argentina, Salinas Grandes
Los 4 en las Salinas Grandes. Foto: Victoria Gómez

Luego del salar nos fuimos para el pueblo de Purmamarca, volviendo por la misma ruta por la que fuimos, ruta hermosa en la que ves todas las montañas y está llena de llamas y vicuñas. Llegamos al pueblo y lo primero que hicimos fue el Paseo de los Colorados, un recorrido que te lleva por entre los cerros rojos arcilla. En varias ocasiones tenés la oportunidad de ver una excelente vista para el Cerro de Siete Colores que es tan atractivo que no podés dejar de buscarlo entre los demás. Hay varios recorridos para hacer, son todos gratuitos menos un pequeño mirador en un cerrito cuya entrada es muy barata, pero me parecieron mucho mejor los otros miradores.

Ya abajo nos quedamos recorriendo el pueblo, en el centro tiene una feria gigante llena de artesanías y comida local. Recomiendo probar una tortilla rellena y comprar acá los recuerdos del viaje. 

Yala

El tercer día la chica de España y yo nos fuimos a dedo a Yala, un pueblito muy cercano a San Salvador, y de ahí, dedo a la Laguna de Yala. Si es tu primera vez haciendo dedo o primera vez haciéndolo sola, es un buen trayecto para arrancar. Es corto, hay muchos autos y está bueno que te lleven hasta la laguna porque el colectivo que llega más cerca de ella te deja con bastante caminata para hacer. De todas formas, es un camino muy bello y vas subiendo por un cerro con vistas panorámicas del pueblo y las montañas boscosas.

Ya arriba hay dos lagunas grandes. Una es privada y la otra es pública, en la que hay restaurante para comer, pero la mayoría de la gente hace asados y picnics ya que hay muchos banquitos y parrillas al rededor de la laguna. 

Salta

Junto con mi reciente compañera, nos fuimos a dedo para Salta y pasamos un buen rato en la plaza central, llena de vendedores ambulantes, niños bailando danzas típicas y carritos con dulces. Alrededor de la plaza están la Catedral, el Cabildo y el museo donde se encuentran momias.

También hay una feria llena de productos típicos donde venden muchas artesanías de cerámica, metal y telas y sobre todo puestos de dulces típicos como la empanadilla de cayote. Acá es donde me separé de mi compañera, ya que ella seguía viaje y yo esa noche partía para el aeropuerto.

En cuanto a este último, el colectivo 8A va camino al aeropuerto, pero NO ENTRA. Esto es muy importante para que no se pasen la parada como yo (hay que bajarse en una rotonda). Lo ideal es ir con Google Maps o pedirle al conductor que te avise. De la rotonda hay que caminar unas dos cuadras hasta llegar al edificio. Algo que me llamó mucho de este aeropuerto es que tienen una habitación para rezar, algo que no había visto en ningún aeropuerto y me pareció interesante para contar acá.

Viajando sola nunca estás sola

Acá terminó mi viaje. Lo había planeado más o menos al principio, pero fue cambiando de acuerdo a la gente que fui conociendo y que me fue llamando ya conocida. Para nada es éste un escrito que hable de las cosas que hay que hacer si vas a esta parte de Argentina o recomiende un plan de viaje, ya se habrán dado cuenta, pensando en todo lo que dejé afuera y lo que incluí que capaz en ningún lado recomiendan que vayas. En ningún momento apunté a eso.

Sí, hay recomendaciones de lugares a los que ir, comida que probar, experiencias, pero quería hablar sobre el viajar sola porque estaba -y estoy- cansada de escuchar a mujeres que no se animan a irse porque no tienen con quién. Obvio, es re lindo viajar con alguien, pero no es una necesidad que sin ella no podamos viajar. 

Leyendo mi experiencia podrán darse cuenta que prácticamente no estuve sola en todo el viaje. Cuando llevás tiempo viajando sola te das cuenta que entre la gente que te hospeda, con quién compartís auto o transporte, quiénes te levantan a dedo, gente del hostel o que te cruzás en la montaña y empezás a hablar y amigos y conocidos que se encuentran en la ciudad, te la pasás acompañada.

El irte sola te da espacio y libertad, elegir qué es lo que vos querés hacer, cómo. Si un día querés esto y otro aquello, lo hacés. Aprendés de otro modo y te conocés a vos misma también, y es una experiencia irremplazable.

Aparece y desaparece gente todo el tiempo y los momentos en los que realmente estás sola que quizás antes temías, se vuelven momentos reflexivos, momentos tuyos para pensar en lo que estás viviendo, en cómo querés seguir el viaje, en qué extrañás y qué no, qué disfrutaste, qué no tanto, cómo te sentís, escribir, dibujar, leer. En otras palabras, los momentos en los que terminás sola se convierten en el otro tipo de viaje, hasta más importante: el que se hace sin moverse.

Victoria Gómez

Soy de la Patagonia argentina y soy fanática de viajar. Tengo muchos hobbies mezclados (escribir, cocinar, circo, trekking, basquet y más) y estoy escribiendo un libro de cuentos y poesías (a veces incluyo algunas que escribo durante los viajes). Comparto mis aventuras en mi cuenta de Instagram Viajes sin ruta.

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